REVISTA LITERARIA

en el tiempo

DE HOY

N° 12  / Arte y crueldad

Buenos Aires, Argentina. Julio-agosto 2020

Próximo Número 20 de setiembre de 2020

 
QUIÉNES SOMOS

DIRECCIÓN​​

  • Jorge Oscar Bach

EQUIPO DE REDACCIÓN

  • Julio Bepré

  • Carlos E. Berbeglia

  • Graciela Krapacher

  • Carlos Lescano

  • Adalberto Polti

  • Olga Reni

ILUSTRACIONES
  • Facundo Demarchi

COLABORACIÓN

​Sandra M. Vives, Alicia Parada, Cristina Daniele,

Mariana Berbeglia, Amalia M. Abaria (Grupo Altheia) 

   El escritor no es solo el creador de su obra; es lector, crítico y constructor ávido de su tiempo. El poeta, el artista, es la voz que emerge desde el papel para que la costumbre del viento, de llevarse cuanta voz grita desde el desierto de la realidad humana, no la pierda. Olvidar esa voz es desechar parte de nuestra humanidad.

Jorge Oscar Bach

En tema

La crueldad y la singularidad humana

Por Sandra M. Vives

Imagen. Oswaldo Guayasamín

   El fenómeno de la Crueldad es entendido como pasión del goce por el dolor del Otro; y su principal colaborador es la insensibilidad ante el sufrimiento ajeno, ocasionado con plena conciencia.

   La denominación “crueldad” proviene de  “crudelitas” (latín) y alude al sentido de la siguiente representación: “se recrea en la sangre”; sus diferentes expresiones idiomáticas son: “cruelty” (inglés); “crudeltâ” (italiano); “grausamkeit” (alemán); “cueldade” (portugués).

   Nuestra vida cotidiana está representada por el  entrecruzamiento de la dimensión  de singularidad humana,  que alude a los aspectos  intraindividual e interpersonal,  con la dimensión  sociocultural e ideológica que contiene el sistema de representaciones  y convenciones económico-sociales, de valores morales,  dogmas religiosos y paradigmas histórico- filosóficos.

   En este marco y desde el inicio de la civilización, la crueldad tiene una presencia constante en la dinámica relacional del ser humano con el Otro, sea semejante o de especie animal.

   Para la aproximación a las posibles respuestas o al menos  reflexiones esclarecedoras acerca del punto de inicio de la “crueldad”, como forma de violencia y de base asociada con la agresión al otro, es necesario revisar una serie de concepciones psicológicas y socioculturales contemporáneas y abiertas a nuevos replanteos,  en relación con el perfil psicosocial de la misma.

   Desde la visión freudiana, la crueldad contiene un enlace íntimo con la pulsión sexual, otorgando, así, un carácter agresivo a la energía libidinal innata, propia de la constitución biopsíquica del sujeto. Este ingrediente de agresividad libidinal presente en el acto relacional  humano, y en particular, el ejercicio de la crueldad  se acoplan con la tendencia al dominio del Otro y con la carencia de compasión;  bajo el predominio  del principio de placer.

   La postura teórica freudiana le concedió una  significación determinante a la compleja dinámica intrapsíquica de los vínculos sociales para el auténtico encuentro constructivo  entre el individuo—con  su particularidad-- y el mundo;  así  lo expresa en la obra “Malestar de la cultura”: “… debe admitirse que el proceso evolutivo del individuo puede tener rasgos particulares que no se encuentran en el proceso cultural de la Humanidad; el primero sólo coincidirá con el segundo en la medida en que tenga por meta  la adaptación a la comunidad.”

Desde la óptica psicoanlítica de Winnicott, el problema central  que implican los “impulsos primarios agresivos”, carentes de intencionalidad,  es el modo en que es necesario canalizarlos y sublimarlos,  dando lugar al desarrollo de un potencial creativo/constructivo;  y evitando, de tal modo, el despliegue de la agresión reactiva, con evolución de índole intencional  en la trama de las relaciones humanas.

   Según  el  filósofo y psicoanalista  Slajov Zizek , la violencia, convertida en crueldad, es concebible desde las perspectivas superpuestas y simultáneas: la subjetiva y la  objetiva.  La violencia subjetiva alude al acto violento  visible, directo,  atribuible a alguien en particular.  En cambio, la violencia objetiva es originada por la organización homogénea  de los resortes  culturales, y económico- político-ideológicos  del propio sistema  social, en el cual se inicia y desarrolla nuestra socialización; proceso de “adaptación a la comunidad”, según Freud.

En tal sentido, la crueldad, como el tipo de violencia extrema, responde a  ambas formas de violencia, provocando distintos niveles de repercusión y consecuencias en la manifestación de los comportamientos subjetivos  y en los fenómenos objetivos  de crueldad.  Sin embargo,  el acto cruel como tal, de fácil percepción y denuncia, se identifica con la forma subjetiva de la violencia, en la interacción humana.

   Y esta forma de trato al otro,  con notable frecuencia cotidiana, va perfeccionando sus horrorosas expresiones hasta ser naturalizada y reconocida con atribuciones de “necesaria”; “inmodificable”; “inevitable”.  Por ende,  la crueldad comienza a ser parte integrante de la cadena sistémica de violencia objetiva.

   Es posible considerar al comportamiento cruel desde la confluencia entre su carácter intrapsíquico y subjetivo, y  la perspectiva  objetiva, descripta por Zizek.

   Ya lo plantean claramente, desde la profunda visión sociológica, Peter Berger y Thomas Lukmann,  aseverando el carácter trascendente de la socialización humana, afirman que  “estar en sociedad es participar en su dialéctica”;  nuestro primer momento,  como partícipes de lo que sucede a nuestro alrededor,  es la internalización. Es desde este mecanismo de interacción simbólica, que aprehendemos  de la realidad aquello significativo  (de sesgo subjetivo) y social (de orden exterior y común).  Estas experiencias de internalización de lo que acontece, de lo que se observa, de lo que se experimenta, propias de las primeras fases del desarrollo psicoevolutivo, son llevadas a cabo mediante el aprendizaje social  -cognitivo/emocional- encarnado, siempre en la interacción con el Otro significante.

 Y mediante la constante interacción simbólica se configuran objetivamente los roles; las figuras de autoridad; las pautas normativas; las cualidades y significaciones tales como el respeto, el cuidado del otro, la preservación de sí mismo y del semejante,  la diferencia entre el  bien y el mal, y los diversos valores éticos,  que subliman aquellos componentes agresivos constitutivos devenidos en violentos, con ingredientes racionales de intencionalidad.  Así como también aquellos antivalores que degradan la integridad humana. Algunos son la indiferencia, la insensibilidad social, el autoritarismo, la impunidad, la  morbosidad,  es decir, todas las representaciones sociales que traspasen los límites del  consenso propio de la convivencia social  (pública y privada).

   Ante un escenario sociocultural propenso a la vulneración de tales límites, la crueldad, como comportamiento,  tendría una  alta probabilidad de intensificación y naturalización, y por lo tanto, desdibujaría  gradualmente su signo de involución social.

   Ahora bien, la continuidad del proceso socializador,  en el cual primen las pautas ético-morales, y afectivo-positivas,  permite que el aprendizaje social junto a la disposición actitudinal de cada individuo, posibilite la compleja recreación y transformación de las tendencias violentas subjetivas hacia el otro. En tal sentido, contamos con un factor cultural socializador vigente: la concientización social sobre las acciones inhumanas y la protección de las víctimas  (humanas y animales).

   Para concluir las reflexiones al respecto, es oportuna la presencia del pensamiento filosófico de Arthur Schopenhauer:   “Cada cual incluye en sí, bajo el punto de vista moral, algún sedimento en absoluto pernicioso: aún el carácter mejor y más noble nos sorprenderá, a veces, con rasgos individuales de bajeza; de tal suerte, declara su parentesco con los humanos, en quienes ve manifestarse todos los grados de infamia y hasta de crueldad”.  

   Y en referencia al vínculo con los animales:   “La conmiseración con los animales está íntimamente unida con la bondad de carácter, de tal manera que se puede afirmar, de seguro, que quien es cruel con los animales no puede ser buena persona.”

Crueldad entre las aguas de oriente y occidente

   Por Jorge Oscar Bach

De Yusef Komunyakaa

 

Tú y yo estamos desapareciendo

 

                                                   -Björn Hakansson-

 

El grito que bajo de las colinas

es el de una joven que se sigue quemando

en mi cabeza. Al amanecer

ella se quema como un pedazo de papel.

Arde como un fuego fatuo

En un valle en forma de muslo.

Una falda de llamas

baila alrededor de ella

en el crepúsculo.

Nos paramos con nuestras manos

colgadas a los lados,

mientras ella se quema

como un saco de hielo seco.

Ella se quema como petróleo en agua.

Ella se quema como una antorcha de anea

mojada en gasolina.

Ella brilla como la gruesa punta

del puro de un banquero,

silenciosa como el azogue.

Es un tigre bajo un arco iris

al anochecer.

Ella arde como un trago de vodka.

Ella arde como un campo de amapolas

a la orilla de una selva.

Ella se levanta como humo de dragón 

hacia mis fosas nasales.

 

Ella se prende como un arbusto ardiente

llevado por un viento abominable

De Kunwar Narain

 

Para felicidad de los otros

 

No está enfermo él

De vez en cuando parece ser enfermo

Para felicidad de ellos

quienes de verdad son enfermos.

 

Cualquier día puede morir él

para alegrar a ellos

quienes están casi moribundos.

 

No hay nada certero acerca de los poetas.

Cuantas veces ellos

viven y mueren en sus poemas.

 

También hay evidencia

de que ellos nunca murieron

            Para felicidad de aquellos

            quienes nunca mueren.

 
COMENTARIOS

De Alicia Parada y Cristina Daniele

Arte y crueldad

Por Alicia Parada

El concepto de crueldad ha sido abordado por distintos artistas desde diferentes propuestas estéticas.

Tres virtuosos del siglo XX pueden iluminar nuestra comprensión acerca de cómo este tema no sólo afecta la sensibilidad del creador, sino también cómo a través de la expresión artística el autor clama  a la imprudente conciencia de la humanidad.

 

Tres autores, tres obras

  • La crueldad del hombre contra el hombre. Pablo Picasso

  • La crueldad transformada en poesía. Frida Kahlo

  • La crueldad brutal y descarnada del ser humano. Francis Bacon.

 

PABLO PICASSO (1881-1973) España

   Genio artístico del S.XX, creador del Cubismo, pintor prolífico de grandes obras que revolucionó el arte, no solo con el testimonio de su tiempo, sino que también fue protagonista. Se trató de un ciudadano en rebeldía contra la violencia y la tiranía. Su vida se desarrolla en una época caracterizada por las guerras.

 

“GUERNICA” (1937)  justamente es un alegato contra la crueldad de la guerra. Es una protesta y denuncia contra los bombardeos de la pequeña población vasca del mismo nombre, donde murieron muchos inocentes. Esta obra, en realidad sobrepasa la denuncia para convertirse en mensaje, en un símbolo de la cultura que se opone a la violencia.

   Tiene mucha simbología que Picasso nunca quiso describir, pero hay varias interpretaciones , tales como la imagen del toro que simboliza la brutalidad a la que fue sometido el pueblo durante la Guerra Civil Española, el caballo, desbocado y desfalleciente, refiere a la España franquista. Las formas agresivas, desgarradas, la mujer herida, la madre, el soldado, todo envuelto en una ausencia de color, genera un dramatismo que evoca a la muerte tanto de las víctimas del bombardeo como también a la muerte de la civilización.

   El Guernica desnuda la crueldad en toda su magnitud, crueldad llevada a cabo por los hombres contra los hombres.

   Una frase impactante con respecto a esta obra fue la que le dijo Picasso a un nazi que lo interrogaba en 1937: “Es obra de ustedes, yo no fui su autor”.

FRIDA KAHLO (1907-1954) México

   Gran artista que transitó una vida signada por el dolor y el sufrimiento. Estando postrada se conectó con la pintura y a partir de ese momento realizó obras maravillosas en las que su dolor físico y sentimental fueron sus disparadores creativos.

   Sus pinturas son poesías donde la pena, el sufrimiento y la crueldad están representadas en atrapantes imágenes muy conmovedoras.

Frida logró transponer la crueldad de la vida que le tocó vivir en obras repletas de símbolos, envueltos en imágenes poéticas que impactan pero no agreden al observador, sino que conmueven profundamente.

   Nadie mejor que ella puso en palabras la esencia de su obra : “Creían que yo era surrealista, pero no lo era. Nunca pinté mis sueños. Pinté mi propia realidad”.

   “LA CAMA” o también llamada “EL SUEÑO” (1940) es una obra que manifiesta la cruel idea de la preocupación de Frida por sentirse siempre amenazada y al límite de la muerte.

   Entre tantos elementos enriquecedores de la imagen observamos que la artista está durmiendo sobre una cama que flota en el aire, mientras el bordado de su cobertor parece cobrar vida y envolverla. En contraposición, podemos observar un esqueleto sobre el dosel, con una actitud expectante, rodeado de alambres y explosivos, nos sugiere que puede estallar en cualquier momento transformando el descanso en su propia muerte. Que difícil habrá sido para esta mujer tener que lidiar toda su vida con el dolor.

FRANCIS BACON  (1909 – 1992) Irlanda

Es un pintor de la segunda mitad del siglo XX, atípico, autodidacta y tardío, con un estilo personal inconfundible que refleja sus angustia. Guste o no su lenguaje, no pasa desapercibido porque inquieta nuestro espíritu.

Bacon utiliza la carne como expresión de la crueldad humana a lo largo del siglo XX. Representa la crisis existencial y la fragilidad  espiritual. El cuerpo expone la corrupción y desgarramiento de lo interno del hombre ante lo externo del mundo.

   Desmiembra los cuerpos en su pintura para expresar la maldad, el dolor, lo brutal, la muerte a través del sufrimiento y nos sorprende con la capacidad de la crueldad, furia y ensañamiento que el ser humano guarda en su interior.

   Una de sus obras “PINTURA” (1946) muestra la humillación y burla que autor sufre en su vida.

   Plasma el dolor que le causa a la sociedad en la figura y el cuerpo del animal apoya la metáfora. La carne muestra su dolor y su deseo de destrucción. La carne y la figura humana son intercambiables, son víctima y victimario recíprocamente, es la misma cosa. El paraguas como forma contenedora, puede significar la necesidad de protección.

   En un reportaje, el pintor le responde a un periodista: “¿Qué quiere que le diga? No puedo explicar mis cuadros sin explicar mi vida. Y no quiero contar mi vida“.

   La obra de Bacon causa un impacto fuerte en el observador y genera una mezcla de sensaciones e intrigas que están vinculadas directamente a lo subjetivo. Utiliza un lenguaje movilizador alejado de la interpretación racional.

Los infiernos tan temidos

Por Cristina Daniele

 

   Como todos sabemos, distopía es el término con el que designamos un tipo de mundo imaginario, recreado por el cine, la televisión o la literatura, considerado indeseable. El mundo presentado por las distopías lleva al extremo la contradicción en los discursos ideológicos contemporáneos, en este sentido, plantea una construcción social anticipatoria, injusta y cruel, proveniente de ciertas conductas actuales. Es por eso que resulta una advertencia sobre potenciales peligros.

   Desde mediados del siglo XX hasta el momento, hemos visto y leído fábulas futuristas que fueron aumentando en popularidad como anticipos de lo por venir: Philip K. Dick, George Orwell, Aldoux Huxley, Ray Bradbury parecen advertirnos sobre los riesgos que implican el poder totalitario o una ideología determinada o la pérdida de las libertades individuales o la falta de ética en la ciencia, entre otras preocupaciones.

   Es así que, por ejemplo, las ficciones con muertos vivos se han reproducido casi al infinito, en ellas se plantean dos tipos de desastre. Por un lado, que los humanos deban enfrentarse a zombies que pretenden almorzar con sus cerebros y, por otro, las luchas entre diferentes conjuntos de humanos por la subsistencia. En estas ficciones, el mundo se ha reducido a continuar viviendo sin estar muerto y conseguir alimentos,  medicamentos, armas, combustible, a como dé lugar, aún destruyendo a otro grupo de iguales.

   En este y otros mundos distópicos impera el caos y la ley es la del más fuerte. La violencia es la condición para conseguir lo que se desea o necesita, la condición para dominar al otro.

   En este marco de ficciones distópicas anticipatorias. Horacio Convertini publicó en 2017, Los que duermen en el polvo, novela cuya acción transcurre en la porteña Pompeya. En un refugio dentro de un muro, un grupo de personas intentará reconquistar la ciudad que ha sido dominada  por el canibalismo. Canibalismo que surgió a partir de una enfermedad muy contagiosa y desconocida. El autor no explica ni detalla aspectos de la epidemia, ni su origen o evolución, provee terror y catástrofe en un escenario de devastación.

   Por su parte, Pedro Mairal publicó en 2005 El año del desierto, novela ambientada en Buenos Aires, a partir del momento en que “la intemperie” va conquistando territorio para llevar la civilización y la urbanidad hacia atrás, de modo que la ciudad se vuelve desierto. La intemperie avanza y a su paso destruye la arquitectura, las costumbres, la ley, las familias, hasta llegar a la barbarie original. Mairal escribe una metáfora magnífica de la destrucción permanente.

   Algunas ficciones distópicas llegan a construir sociedades futuras donde el nuevo orden ya está configurado, nuevo orden que implica una forma de esclavitud de un grupo de humanos en manos de unos pocos. Encontramos en esos trabajos, fuerte estratificación social, personas que son propiedad privada de alguien, uso deliberado de la violencia – sea física o psicológica –, componentes discriminatorios por etnia o género, intercambio de esclavos como una práctica legítima, inexistencia de derechos para los esclavos, tortura, injusticias, imperio de la ley del más poderoso.

   En este grupo encontramos a Cadáver exquisito, novela con la cual Agustina Bazterrica obtuvo el Premio Clarín en 2017. En este caso, la distopía se vincula a la alimentación: un virus, extraño y letal, atacó a los animales, sean de consumo o mascotas, de modo tal que todas las especies debieron ser aniquiladas. El nuevo esquema llevó a los gobiernos a legalizar la cría, faena, comercialización y consumo de carne humana. De modo tal que la raza se divide en dos, los que consumen y los que serán consumidos. Es una narración que construye escenas sumamente violentas y atroces, la acción circula por corrales, frigoríficos, mataderos, carnicerías, zoológicos abandonados. Si algo quedaba de humanidad y civilización, la novela muestra que se ha perdido en una cruel escena final.

   En cambio, Margaret Atwood parece encontrar una pequeña y esperanzadora luz, en El cuento de la criada, publicada en 1985.

Narrada por su protagonista, la historia discurre en dos planos, el presente – el mundo está dominado por una teocracia todopoderosa, basada en el Antiguo Testamento, y se divide en castas perfectamente diferenciadas, cada una tiene un rol y algunas carecen de cualquier derecho elemental –, y el pasado, muy parecido a nuestro mundo actual, en el preciso momento en que cambió el orden en manos de los dominadores (1).

   La acción transcurre en un lugar llamado Gilead, donde cualquier intento de disidencia o rebeldía se paga con la vida. Todos los ciudadanos son constantemente vigilados por las fuerzas de seguridad (Ángeles) y los espías (Ojos). El género femenino se divide en cuatro grupos, las mujeres de los Comandantes (Esposas), el servicio doméstico (Martas), las reproductoras (Criadas) y las encargadas de educar a las reproductoras (Tías).

   Las Criadas no tienen nombre, adoptan el del Comandante donde les toca servir. Mientras estén en una casa pueden salir a comprar víveres con otra Criada, realizar breves caminatas y mantener charlas con sumo cuidado – pues no es seguro confiar en nadie –, momentos en que pueden observar el espectáculo  de los cuerpos colgados en el Muro de los ajusticiados. Una vez por mes deben asistir a la Ceremonia, momento en que serán fecundadas por el Comandante mientras la Esposa la sostiene por los brazos. Si la Criada tiene suerte, concebirá un hijo para esa familia, el niño quedará con la pareja y la Criada será destinada a otro Comandante, situación en la que cambiará su nombre nuevamente y pasará a usar el de su nuevo “dueño”.

   Ninguna de ellas está allí por su propia voluntad ni porque lo deseen, fueron capturadas y entrenadas por las Tías a fuerza de castigos y torturas, desde latigazos a mutilaciones. Las que no se adapten o resulten infértiles, son consideradas traidoras y deportadas a las Colonias, lugar donde pasarán el resto de su vida recogiendo residuos tóxicos.

   La criada Defred, personaje principal de la novela, tiene una posición subordinada y marginal, está en continuo peligro, los celos de la Esposa, los chismes de las Martas, los Ojos, debe cuidarse siempre, no puede hablar de más, ni mirar lo que no le está permitido, no puede tener nada propio, ni desearlo. Sin embargo, en este mundo siniestro, hay en ella cierta forma de rebeldía, cierta forma de resistencia que le permite mostrarse exteriormente plácida y pasiva, pero sostener una línea de pensamiento crítico y con ansias de libertad que la mantienen viva a pesar de todo. Encontrar un escondite seguro donde guardar pequeñas cosas que le permiten soñar con un espacio de escape.

   Las tretas del débil, las denominó Josefina Ludmer al analizar las respuestas de Sor Juana al Obispo de Puebla. Del mismo modo, Defred, que no es dueña ni de su propio cuerpo, esconde la rebeldía simulando no saber y no ver, ella mira y calla, guarda para sí secretos que podríamos llamar revolucionarios (2).

   Mucha agua ha corrido en este prolífico y perturbador género, desde que un científico “loco” diera vida a un muerto con electricidad, en el Frankestein de Mary Shelley, hasta el estado todopoderoso al cual nada se le escapa, ni siquiera los sentimientos de los ciudadanos, Gran Hermano que todo lo controla y castiga los desvíos en 1984, de Orwell, e incluso el control de la sociedad a través del consumo de medicamentos paraconseguir un estado de bienestar permanente en Un mundo feliz, de Huxley. Sin embargo, en las ficciones, la imposición de los designios de la autoridad de turno siempre se realizan a través de actos violentos, siempre es el uso de la fuerza para conseguir un fin, siempre la lucha es desigual, siempre el resultado es siniestro.

   Género literario que promueve la reflexión, a la par que preocupa y llama la atención sobre el futuro. ¿Serán posibles estos mundos? Que hoy existen estados autoritarios, que ejercen la violencia y la crueldad, es sabido. Ojalá estas ficciones sirvan para llamar nuestra atención y tomar los recaudos para que esos futuros nunca lleguen.

 

(1) Este pasado llega a través de flashbacks y superposición de imágenes, la diferencia es aterradora.El relato es duro, crea un clima de temor y espanto, coquetea con el continuo cuestionamiento: ¿es esto imposible?

 (2) Si bien, para saber de qué se trata, cómo termina esa brutal dictadura, deberemos esperar la continuación de la novela, aparecida en 2019,           Los        testamentos.

 

Dos ensayos

Carlos Enrique Berbeglia y Olga Reni

DE LA CRUELDAD,

O ACERCA DE UNA ACCIÓN SIN PARADOJA

Por Carlos Enrique Bergeglia

Ilustración: Facundo Demarchi

   ¿Vale la pena preguntarse si existe una crueldad inocente, por ejemplo la de una madre que, jugando, asuste a su hijo al colocarse una máscara sorprendiéndolo en una habitación a oscuras y le provoque llanto, la misma que mueve a risa entre los mayores por la torpeza de sus rasgos?  Incluso aún, ¿cabe llamarla cruel a la belleza de una adolescente expuesta entre un majadero de mujeres feas y, por lo tanto, envidiosas de semejante don con tanto egoísmo repartido por la naturaleza?

   El hilado de las cuestiones podría extenderse indefinidamente al ubicarse la crueldad como sujeto, acompañado por una heterogénea variedad de predicados. Podríamos llegar a sub-clasificar esos predicados en “estéticos”, por ejemplo, la propia de un cumbiero que alza el volumen radial de su automóvil sin tomar en cuenta al transeúnte que no participa de su pésimo gusto, pues posee un oído educado en la música barroca  (acaso se trate de una crueldad degradada en simple “fastidio”, algo así como la de un compañero de estudios que insiste en que abracemos su mismo credo filosófico).

   De no acontecer el dolor resultante, este también graduado en intensidad y extensión temporal, la crueldad no tendría cabida, aunque hubiese una clara intención en el accionar que la promueve. Existe un auténtico ditirambo de crueldades inconcientes entre los personajes que la practican, una muy habitual es la de aquel que relata alborozado sus éxitos económicos a un grupo de amigos, sin advertir la expresión de tristeza en uno de ellos, o la de quien expone su felicidad familiar a una señora abandonada por su esposo e hijos.

   Podríamos denominarlas crueldades menores habida cuenta de los terroríficos ejemplos que nos brinda la historia en toda la extensión de su desenvolvimiento, a lo cual debemos sumar la experiencia diaria de los hechos atroces que no cejan en su afán de imitarla, donde la crueldad rompe cualquier tipo de contenciones morales, intelectuales o propias del simple sentimiento y nos conduce a la siguiente pregunta: ¿Cabría, también, la denominación de crueles a las escenas que nos presenta, a diario y desde siempre, la naturaleza en el reino animal que nos rodea?, donde no necesitamos acudir a una reserva selvática para observar a los felinos devorando un rumiante todavía sacudido por los estertores,  nos basta con escuchar los sonidos que emite una mosca al ser atrapada por un araña en su tela mientras va succionando su sangre en el jardín de nuestra casa para corroborar la duda.

   No desestimamos la propuesta de trasladar nuestros conocimientos de esos hechos desagradables al mundo que nos rodea, si lo hiciéramos no solamente impediríamos la expresión de la poesía que elogia aquella naturaleza en todo lo que posee de brutal y sublime sino que, tampoco admitiríamos en nosotros una proyección inversa, cuando, viendo el amparo brindado por  nuestra fuerza e inteligencia humana, algunos miembros de la especie, ejercen similar crueldad contra los seres indefensos que la habitan. A algunos, (no a todos), altera el ánimo observarlos ejerciéndola contra ellos, el disparo de un cazador que abate a un ciervo es depositario de una crueldad inmensamente mayor que la del felino, éste lo mata por necesidad alimenticia, saciado su apetito deja a sus compañeros pacer sin molestarlos, el otro aduce que lo hace por deporte (si cabe la adjudicación de este nombre a un hecho que, en el ámbito de otra cultura, como la hindú, sería apreciado como poco menos que un asesinato).

   Volvamos a nosotros, aunque, ahora, añadiendo la textura del tiempo con el fin de afinar el discurso, ingresamos a una nueva proyección extrapolada del término en cuestión, al repasarlo, topamos al menos con tres especificaciones de  la crueldad, la ya aludida “inocente”, que, con distintas gradaciones, transita a la “inconciente” ¿la de un niño que rompe el juguete de un compañerito y, por demás, se burla?, hasta arribar, sin duda, a la tercera y propiamente dicha, la manifestación “conciente”, esta, con una práctica infinidad de gradaciones, desde un simple tirón de orejas, motivada por una travesura, dada por un progenitor airado,  hasta la aplicación de la corriente eléctrica al encerrado en una celda maloliente para obtener la delación de un correligionario.

   Las tres debidas a los seres humanos, ¿cabría la posibilidad de hacerlo ingresar al tiempo (múltiple de manifestaciones, desde el cósmico al biológico, el histórico al individual, el discursivo al propio de un soliloquio), en esta exposición de una actitud vergonzante, sea cual fuere el ángulo desde el cual la percibamos?

   La fotografía ilustra el recuerdo de una actitud infamante para un período dictatorial (lamentablemente no el único) sufrido por Argentina, el autodenominado “Proceso”, llevado a cabo por los militares entre 1976 y 1983, cuya característica más abominable fuera la de inaugurar el género “desaparecidos” en la historia patria, posteriormente denominado “Terrorismo de Estado” (algo en lo que sí no fueran originales, lo comparten con numerosos organismos internacionales). A partir de la restauración democrática diversas instituciones civiles dieron en colocar, a la vera de los domicilios donde vivieran las víctimas u otros sitios significativos, plaquetas conmemorativas con sus datos. El 18 de julio de 1994 un atentado destrozó el edificio de la AMIA, (¿lo denominaríamos “Terrorismo a secas”?), con una cifra cercana al centenar de muertos, igualmente, en las veredas cercanas, lucen los nombres de las personas caídas en tan horrible episodio efectuados con los mismos medios cuasi artesanales.

   El desgaste que sufren es el común denominador de todas ellas, en algunas ya casi prácticamente  ni se aprecian los nombres de los fallecidos, en dicho desgaste juega un papel importante el tiempo, similar al que afecta a los monumentos tutelares de la humanidad, de los que nos deja únicamente las ruinas de sus mármoles (muy a menudo deterioros intencionales, como los debidos a los vándalos al arrasar la cultura grecorromana) para que realicemos el esfuerzo de imaginarlos cómo habrían  sido en sus épocas lozanas, aunque, en este caso, se añade un peculiar pacto con el tiempo, el de la desidia, visualizada en la indiferencia de los transeúntes, al pisotear una y mil veces esas baldosas reduciéndolas, paulatinamente, a su matriz de polvo originaria.

   En la suma de estos hechos luce, grandilocuente, la crueldad, primero en el acto originario, y, luego de variados intentos de recomponer, aunque más no fuera en el recuerdo, la memoria debida a quienes la sufrieran, en la voluntad o indiferencia de las generaciones posteriores al entregar, a las fauces del tiempo, la labor de cuantos pretenden resistirlo, temporalidad que tiene, en este caso, la última palabra, en un proceso continuo donde engulle, en su aspecto histórico al del individuo, y así, sucesivamente, hasta arribar al Tiempo cósmico, padre y devorador tutelar de cuanto exista. Que sea cruel o no resulta de nuestras apreciaciones teóricas acerca de su presunta furia, muy  distinto resulta el accionar de la crueldad humana, concreta y precisa, que no nos deja, como especie, muy bien situados que digamos, entre las aspas del abanico de cuanto luce creado en la naturaleza.

 

 

 

La botella, la torta y el zapping

De Jorge Oscar Bach

De El otro que habito. La Luna Que… 2018

 

Con una botella y una torta, en el palco, celebran la democracia.

Un niño espera, entre las moscas del hospital, un trasplante de riñones;

una madre parió a su quinto hijo desnutrido;

mendigos descansan la mugre en un boulevard de Buenos Aires;

un televidente se alimenta de churrasco y de zapping

y espera que otros espectáculos le recuerden el tipo de humano que es.

 

Con una botella y una torta, entre tacos altos, celebran la democracia.

Veinte estrellas de la tele sacuden las maracas;

dos políticos cortan la cinta de un ferrocarril que no rodará;

un niño le cuenta a la madre que tiene hambre de agua;

una señora, con pretensiones de gorro frigio, 

penetra en el juzgado y en la frente del juez;

un funcionario viaja en helicóptero hasta la zona del desastre

provisto de guantes esterilizados

-alguien debe estar sano para aliviar las desgracias de los otros-.

Y el televidente sigue con el zapping

y se arrastra preocupado desde el vidrio de la tele hasta el espejo del baño;

se lava los dientes, se ve sano, sonríe y se alivia

porque el pasillo de su casa no es el hospital y menos el boulevard

ni encontró maderas flojas entre el baño y el cuarto

-méritos del arquitecto-,

y se queja del helicóptero, de los guantes y se pregunta de qué se rio el ministro

y sintiéndose humano y preocupado vuelve entre sueños al deseo

y protesta porque el mundo lo despierta durante la madrugada.

 

A la mañana siguiente enciende el televisor –son las siete-

para saber la temperatura y elegir la ropa que le exigirá el día.

En la radio del auto escucha las farsas del político y del periodista

y duda del político y del periodista

y arriesga tres ideas que considera inteligentes y básicas

con sus compañeros de trabajo y les observa el gesto

y escucha las respuestas y esgrime las réplicas

y, entre las preocupaciones  por el menú del mediodía,

la pantalla silenciosa del televisor del restaurante

le recuerda, lo cuestiona, lo convence

de que necesitarán veinte años para cambiar la realidad.

HUMANA CRUELDAD

Por Olga Reni

Ilustración: Facundo Demarchi

   Desde tiempos prehistóricos el hombre ha procedido a eliminar a su adversario de una u otra manera, acorde a la necesidad (llámese alimento, espacio o creencia). Todo lo cual, en  forma espontánea y natural, más tarde colectiva, fue incrementándose con el tiempo a través de hordas invasoras con luchas salvajes, ávidos conquistadores, y prolongadas guerras por distintas ideologías y un marcado afán de poder. Pertenece a la historia del ser humano y ha sido analizado largamente, pero nunca será suficiente discernir con claridad la crueldad, su principal faceta, que hoy sobrevuela el mundo solapadamente.

   La mayoría tiene un concepto preestablecido, por ejemplo, de lo que fuera dentro de la religión cristiana la Inquisición, principalmente en España alrededor de la Edad Media, con la persecución y destrucción física y mental de todo ser que no concordara con el clero eclesiástico. Un acrecentado terror difundido por los inquisidores, entre los que tuvieron temprana participación los Dominicos, extendido por regiones de Francia, Europa germánica e Italia, influido por la corona española que llegó a nombrar Primer Gran Inquisidor al Dominico Tomás de Torquemada, destacado por su extrema crueldad.

   Una de las razones de dicho proceder por los Reyes de España, aparte de los preceptos ordenados por la iglesia cristiana, fue la extinción de musulmanes y judíos.

   Lo mencionamos aquí como motivo principal del tema que exponemos, precisamente por tratarse de hechos horrendos e inconcebibles dentro de la doctrina de Cristo que promulga amor y perdón, pero necesarios a destacar porque se incluyen dentro de las crueldades máximas, como lo fuera en la Segunda Guerra Mundial la extinción de enormes cantidades de seres humanos con cámaras de gas, concebido por una mente dictatorial extraviada en la pureza de la raza aria. Aspectos que se repiten, dado que en los siglos XX y el actual se vienen acrecentando entre ciertas sectas, y con claros excesos de humillación entre hordas juveniles que se sienten con poder.

   Por otra parte, se presume que así como la bondad, el amor y el odio seguirán persistiendo hasta el fin de nuestros días sobre la tierra, porque son inherentes al ser humano, continuará su aberrante trayectoria la crueldad: ver sufrir a otro sin importarle o bien gozar por la destrucción practicada física o mentalmente, aspecto que ciertas técnicas actuales vienen acrecentando con fervor. Y si bien es sabido que a través del tiempo, han aparecido a nivel mundial instituciones defensoras del derecho humano, adolecen de irregularidades a veces no contempladas, y luego perdidas en el tiempo.

   Sí debe destacarse en este tema la colaboración de la psicología, factor imponderable con respecto al comportamiento de la mente humana, precisamente cuando se halla afectada por castigos corporales o mentales infligidos por familiares o su entorno social, como los estudios realizados sobre los culpables de dichos delitos.

   Muchos de ellos se asocian a la obtención de placer a partir del sufrimiento de otro ser, emparentado con el sadismo, que es precisamente excitación a partir de causar dolor a otro sujeto, pero los hay por bruteza congénita descargados por odio o para vanagloriarse de su poder o fuerza física.

   Todo lo que, dentro de un conocimiento generalizado, nos permite acercarnos a un tema doloroso pero aún existente como lo es los medios de tortura, en el que se puede evaluar hasta dónde puede llegar la impiedad o fiereza de ánimo de un ser humano.

   Es sabido que así como se han presentado museos de cera, exhibidores de personajes del horror, se han realizado muestras en el mundo de los objetos utilizados en las torturas hasta principios del siglo XX y consideramos que realmente no alcanzan las palabras para calificarlos.

   Al ser observados se nos presentan como prueba silenciosa de la crueldad llevada a su máxima potencia, desarrollada por mentes puestas al servicio de infligir el mayor dolor posible a quien fuese en otros tiempos alquimista, bruja o perteneciente a una raza execrada, o por distintos conceptos ideológicos, como fuera el caso del filósofo y poeta Giordano Bruno, hombre de gran inteligencia y nuevas teorías, tildado de hereje, quien fuera quemado en la Plaza del Campo dei Fiori (Roma), en 1600, con una mordaza (denominada babero de hierro) con dos púas para perforar la lengua y el paladar.

   Grande ha sido el aporte de xilografías, grabados y dibujos prácticamente desde el siglo XV, para mostrar los hechos ocurridos.

Tenemos así 112 grabados de Jan Luyken de Amsterdam en su serie “El escenario de los mártires”; xilografías editadas en Ausburgo de la obra “De remedis” de Petrarca, o bien  del “Decamerón”de Boccaccio. Acuarelas y dibujos de Bibliotecas de Berna, de la Catedral Soest, Holanda, de Hungría, de Austria, todos testigos elocuentes  de lo que sucedía.

Más tarde (siglo XIX) Goya colaboró con justeza, marcando la crueldad  en primeros planos en sus Aguafuertes de la Guerra, pero tal vez por apreciar la soltura de la mano del maestro en el diseño de las figuras convocadas desde el punto de vista artístico, puede suceder que inadvertidamente, pase a segundo plano el sufrimiento en sí de los personajes.

   Por el contrario, al observar de cerca el objeto de tortura utilizado, nos toca directamente en nuestros sentimientos, permitiéndonos considerar hasta qué punto puede llegar el ensañamiento humano.

   Recordemos, por asociación, la corona de espinas de Jesucristo.  Cuando en París se cambió el relicario donde ésta se conservaba, se tomaron fotografías. Compuesta por un anillo de juncos muy delgados, formaba un haz ligado por una cantidad de juncos de la misma clase. De acuerdo a estudios realizados, se considera un tormento improvisado por los soldados de la fortaleza Antonia, donde residía Pilatos, que utilizaron juncos que servían para atar algún haz de abrojos, pero como las ramas tendían a separarse una de otra y de la cabeza del Salvador, se entretejió una diadema con juncos que las sujetara y, para mayor tormento, se las ajustó con cañas, provocando heridas sangrantes con las espinas.

   Destacamos este hecho inherente a los instrumentos de tortura usados en Europa y en otros continentes, ya en la cabeza, ya en el cuello,  en general entre los años 1500 al 1700, (utilizados aun en algunos lugares del mundo), entre los que figuraban coronas y collares de hierro con púas internas .Ajustados a la garganta, estos últimos se consideran el medio más rápido para matar a una persona, debido a la erosión hasta los huesos de la carne de cuello, mandíbula y hombros.

   En “El martirio de Santa Águeda”, obra pictórica de Sebastiano del Piombo (1485-1547) en Palacio Pitti de Florencia, se puede observar claramente los desgarradores de senos utilizados para martirizarla. Los había de hierro en forma de pinza o tenaza con cuatro puntas.

Del mismo modo se utilizó el violín al cuello para las mujeres, llamado “El Violín de Las Comadres”, el que se  usara en Estados Unidos hasta la abolición de la esclavitud (1865) y en Alemania el violón alemán “Halsgeige” y el inglés “shrew’s fiddles” (violín de la gruñona), colocado sobre los hombros con tres aberturas, una para la cabeza y dos para los brazos, también empleado en cantones de Suiza (Grigione y Schwyz) hasta 1872 y 1888 y algunos principados de Alemania en 1871.

   Debe considerarse además, un instrumento no muy conocido, la jaula de hierro para encerrar personas de pie, que permanecían allí hasta su descomposición, utilizadas hasta fines del siglo XVIII en ciertos lugares de Europa. Aun en el siglo XX pudieron verse algunas, como fehaciente prueba, colgando de las paredes del palacio ducal de Mantua (Italia) o en la Catedral de Münster, Alemania, desde principios del siglo XVI.

   Cabe señalar que los métodos de la Inquisición llegaron alrededor del año 1500 a América, sobre todo en Perú y México, donde destruyeron civilizaciones enteras, al bendecir primero y luego eliminar a los bebes recién nacidos.

   Larga es la lista de los instrumentos de tortura usados para destruir un ser humano, más los que se utilizan actualmente por otros medios electrónicos, aunque aun subsisten métodos antiguos, por ejemplo,  la inmersión en agua o bien su introducción continua por la boca de la víctima, más tantos otros martirizantes.

   Extenso y profundo es el horror que inspiran, para llegar a entender qué ocurre con la mente humana en estos casos, tanto para haber diseñado estos instrumentos de tortura como para aplicarlos, sin dejar de tener en cuenta el entorno social del momento con la inherente supremacía de la iglesia.

   Subrayamos: la acción en sí de la tortura es evidentemente  una obtención de placer a partir del sufrimiento de otra persona. Una mente de indiferencia total a lo humano, que hoy nos sobrevuela solapadamente enquistada en los poderes que manejan el mundo, con una idea de poder máximo sobre otro.

   Pero dentro del tema debe acotarse, según estudios realizados con el fin de comprender ciertas conductas, que a veces el hombre no tiene registro de las modalidades crueles que practica, sin capacidad para transformarse, pero que sí le permiten una satisfacción o placer por el acto ejecutado. Es sentirse el principal, el más fuerte, el que ordena y manda, el que destruye, encerrado en sus propias ideas y con sus manos prontas a realizar cualquier barbarie, sin recapacitación de los hechos.

   Recalcamos lo manifestado al principio: hay una innata inclinación del hombre hacia lo malo, a la agresión, a la destrucción y por ende a la crueldad, larvada o espontánea, considerándose que ésta puede provenir de heredad ancestral.

  Recapacitemos entonces que, si bien a veces la brutalidad desarrollada por el ser ignorante en algunos de sus actos puede ir acompañada de crueldad, desde un análisis aproximado dentro de un tema tan intrincado y difícil, deberíamos concordar que la más hiriente ha sido y es aquella fortalecida en mentes inteligentes y destacadas, en condiciones de analizar su comportamiento, avasallado por narcicismo y exhibición de poder.

Goya. Los desastres de la guerra

 

Memoria

UN PEQUEÑO HOMENAJE

A FERNANDO TOLA Y CARMEN DRAGONETTI

Por Carlos Lescano y Carlos Berbeglia

   Llama la atención que en estos años no se haya recordado –más allá de los círculos académicos especializados- la muerte de dos destacados orientalistas iberoamericanos como fueron los nombrados.  Con su trabajo silencioso, serio y constante dieron a conocer en nuestro idioma los textos sagrados de las tradiciones del  hinduismo y el budismo. Esta labor no fue improvisada, pues los doctores Tola y Dragonetti, destacado matrimonio,  iniciaron su labor primero en Perú y luego en Argentina desde 1960 y la continuaron hasta la muerte de ambos en 2017 y 2018 respectivamente.

   Ambos poseían el dominio de las lenguas orientales como el sánscrito, el pali, el tibetano, el chino tradicional, amén del acabado conocimiento de las lenguas occidentales clásicas y modernas. Con un sólido bagaje filológico abordaron las traducciones de los textos tradicionales de Oriente y contribuyeron a poner en nuestro idioma conocimientos de civilizaciones que en nuestra lengua eran casi huérfanas de conocedores.

   Fernando Tola, peruano de nacimiento y Carmen Dragonetti, argentina, tradujeron por separado o en conjunto textos como. El Sutra del Loto de la verdadera doctrina (traducción del sánscrito al español) Dharma Translation Organization, Taiwan, 2010; Shunyata (la vaciedad universal), textos budistas, Las Cuarenta, Buenos Aires, 2014 (traducción Fernando Tola); Himnos del Rig Veda, Las Cuarenta, Buenos Aires, 2014 (traducción Carmen Dragonetti); El Sutra de la serpiente (traducción del pali al español) Ediciones Coyoacán, México, 1994 (antigua poesía budista)- La obra monumental escrita por ambos Filosofía de la India, Del Veda al Vedanta. El sistema Samkhya, Kairós, Barcelona, 2008. Mencionamos una selección entre la muchas obras.

   Asimismo, crearon en Buenos Aires una Institución  llamada Fundación Instituto de Estudios Budistas (FIEB) para el conocimiento del budismo, que iba hacia el conocimiento profundo de las corrientes espirituales que allì se encuentran. La labor del Instituto quedó plasmada en una revista titulada “Estudios budistas”.

   Una palabra final debe destacarse sobre las personas. Ambos era amables en el trato y amplios en los puntos de vista intelectuales. Tuvieron una vocación docentes hasta el fin de sus días y no mezquinaron trasmitir el conocimiento que poseían.

Los recordamos con el cariño, admiración y respeto que se merecieron y esperamos que a futuro su obra siga constante en la difusión de las espiritualidades orientales.

Fragmentos del libro AMARU

Cien Poemas de amor (Seix Barral, 1971)

(Traducción Fernando Tola)

 

18 El Poeta

 

Viendo a sus dos amadas

sentadas en el mismo lecho,

cautamente se les acerca por detrás;

y, como si jugara,

cubre con sus dedos

los ojos de una de las bellas;

y luego, volteando levemente la cabeza,

el muy astuto besa a la otra,

cuyos vellos se erizan de placer,

mientras su corazón palpita de emoción

y una sonrisa contenida ilumina sus mejillas.

 

86 El Poeta

 

Su amante ingresó

y, llena el alma de deseos,

ella pudo, mal que bien, pasar el día;

luego fueron a su alcoba,

y sus desatinados servidores,

conversando y conversando, no se iban.

Mas al fin,

Impaciente por gozar los placeres amorosos,

la bella exclamó: “Algo me ha picado”

y, agitando su fino chal de seda

apagó la llama de la lámpara.

“Antigua poesía Budista”,

(Traducción directa del pali, por

Fernando Tola y Carmen Dragonetti)

 

Sutra número III

“El cuerno del Rinoceronte”

 

Dejando de lado la violencia

para todos los seres,

no haciendo daño ni a uno de ellos,

no desee ni un hijo, ni aún un compañero,

esté solo como el cuerno del rinoceronte.

 

Como un animal salvaje,

libre en el bosque,

va por donde quiere en busca de comida

el hombre sabio apreciando la libertad,

esté solo como cuerno de rinoceronte.

 

Ya que los variados placeres, dulces, deliciosos,

de muy fea manera perturban la mente,

viendo en los placeres sensuales este peligro,

esté solo como cuerno de rinoceronte

 

El frío y el calor, el hambre y la sed,

el viento y el ardor del sol,

los insectos y las serpientes,

soportándolos a todos ellos

esté solo como cuerno de rinoceronte.

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