DE HOY

N° 11  / Utopías

Buenos Aires, Argentina. mayo-junio 2020

Próximo Número 20 de julio de 2020

 

COLABORACIÓN

  • Julio Bepré

ILUSTRACIONES
  • Facundo Demarchi

   El escritor no es solo el creador de su obra; es lector, crítico y constructor ávido de su tiempo. El poeta, el artista, es la voz que emerge desde el papel para que la costumbre del viento, de llevarse cuanta voz grita desde el desierto de la realidad humana, no la pierda. Olvidar esa voz es desechar parte de nuestra humanidad.

Jorge Oscar Bach

En tema

En otros tiempos, hoy

Por Jorge Oscar Bach

¿Cuál es el primer producto de la literatura occidental, producto que conservamos

intacto y que podría ser considerado por los inclusionistas como ciencia ficción?

¿Qué le parece La Odisea de Homero? No trata sobre ciencia, en un mundo que todavía no la había inventado; pero sí trata sobre el equivalente de los monstruos

extraterrestres, como Polifemo y sobre gente que dispone del equivalente

 de una ciencia avanzada, como Circe.

 

Isacc Aimov. (1)

Facundo Demarchi

   Hubo un tiempo en que existieron humanos y dioses. Cada con su naturaleza y cada uno en su mundo. Los dioses crearon, observaron y juzgaron las actitudes del ser humano. La idea de desprotección frente a los males sufridos en la tierra (guerras, hambrunas, plagas, pestes…), la tensión provocada por la idea de lucha permanente entre el bien y el mal aproximaron al humano a la figura divina y a la idea de un dios esencialmente protector, juez, creador, digno de alabanza, de temor, incluso, de terror.

   Con el transcurso de los siglos, los seres divinos tomaron forma humana y participaron de los proyectos humanos. Se unieron a ellos o los denostaron. De la unión entre dioses y humanos surgieron los forjadores de las civilizaciones clásicas. Dios hecho hombre intentó transformar, desde la conversión de la naturaleza humana, el orden del mundo (ordo amoris).

   El proceso de desarrollo del ser humano, la visión del mundo desde una perspectiva diferente, condujo al hombre a la búsqueda racional de Dios, hecho que no le impidió que desarrollara su propia inteligencia, que inventara,  que co-creara, creara o recreara. Entonces el hombre se hizo centro del mundo y encontró explicaciones naturales a hechos que antes consideraba producto del fastidio o de la providencia divina.

   El hombre creador comenzó a sentirse orgulloso de su creación y, por ende,  a reverenciar su propia imagen. El hombre cambió su postura frente a Dios, a su creador; aunque no le buscó su verdadero rostro. Lo desplazó y encontró un nuevo dios al que comenzó a temerle, paradójicamente, su creación. El doctor Jeckyll le temió a Hyde; Frankenstein, a su creatura; el físico, a la bomba nuclear; el ingeniero, a su robot; el ingeniero en sistemas, al Sistema, la Inteligencia Artificial.

   Hoy, el nuevo mito regresa al hombre a su temor inicial.  Hoy el Sistema se ha adueñado de la vida del hombre y  puede ser benévolo con él, si le responde adecuadamente. Por otra parte, considera que el Sistema es poderoso, ¿cómo enfrentarlo? Lo agobia y le debe pleitesía. A partir de aquí el individuo vive alineado, conectado al Sistema, del que se considera esclavo pues es cautivado por los medios y recursos que este le impone.

   Antiguamente, los dioses sustituían la inseguridad del hombre; eran generadores de fuertes vínculos entre humanos, los dispensadores de la verdad. Hoy “vamos a trabajar; vamos a estudiar, salimos de compras, al cine, a divertirnos en general, en fin, vamos a los servicios que ofrece la ciudad a visitar a los parientes y amigos. Todo puede hacerse hoy en el ciberespacio (2). El Sistema, desde el ciberespacio, nos ha puesto en línea. Este es el nuevo culto y el surgimiento de un nuevo mito, el mito de la linealidad, que no es nuevo.

   La linealidad nos enfrenta, desde esta óptica, por un  lado, a un problema moral, que es justamente una de las cuestiones a la que responde el mito, relacionado con la dependencia adictiva, con el sometimiento del hombre a su propia creación; o, por otro lado, la linealidad es la imagen visible de algún tipo de dependencia.

   De Kerchove afirma que “las más lentas burocracias estatales se están abriendo a la idea de que las llamadas superautopistas electrónicas son absolutamente tan necesarias para su supervivencia como el mantenimiento de las autopistas y calles reales; por no decir más necesarias aún. Esta toma de conciencia se debe a factores obvios y también a otros no tan claros. Los evidentes son los económicos: por ejemplo, cualquiera puede observar que la televisión ha determinado la mentalidad y la realidad del mercado de la mayor parte del mundo desde comienzo de los años sesenta. El rápido crecimiento de los ordenadores personales desde principios de los años ochenta ha enseñado que la pantalla podría ser también el foco de interminables variaciones en los productos domésticos y quizás rivalizar con la industria del automóvil en el sostenimiento de las economías nacionales” (3).

   A los factores no tan claros mencionados por de Kerchove, Tolkien los explica con una palabra, poder. Y no es extraña esta acertada simplificación de Tolkien. El arte intentó e intenta dar una respuesta a los problemas existenciales del hombre. Tolkien insistió en que “todo el éxito de la sub-creación necesariamente conduce a la verdad moral” (4). Las mismas cuestiones del mito antiguo: la moral, el destino, la creencia, el encuentro con el origen, la búsqueda de perspectiva futura, se hacen presentes en la literatura y el cine modernos. Desde las obras clásicas hasta Simulacron 3, de Daniel Galouye; Neuromante, Conde Cero, Quemando Cromo de William Gibson; hasta las películas de los últimos 30 años (cuarenta si incluimos la aparición de la película Blade Runner y su abordaje del tema del sentido de la existencia) que han planteado el problema de la supremacía del Sistema, como The Matrix, Terminator, y otras basadas en la obra de Isaac Asimov y Philip K. Dick, confirman que podemos haber evolucionado tecnológicamente; pero el pensamiento humano, no. Los planteos siguen siendo los mismos, tal vez, ampliados y deteriorados: por un lado, hay quienes consideran al hombre actual como responsable de la destrucción del medio ambiente; por otro, la indiferencia que esgrimen los poderosos frente a la naturaleza y la realidad ajena justificada en sus ansias de dominio.

   Ya lo declaró el agente Smith (programa protector de la Matriz) al héroe, profeta, sacerdote Morfeo, en la película The Matrix:

   «Quisiera compartir una revelación que he tenido durante el tiempo que he estado aquí. Me llegó cuando traté de clasificar su especie. Me di cuenta de que realmente ustedes no son mamíferos. Cada mamífero en este planeta desarrolla instintivamente un equilibrio natural con el ambiente que lo rodea; pero los seres humanos, no.

[Los humanos] se trasladan a un área y se multiplican y multiplican hasta consumir cada recurso natural. La única forma de sobrevivir es instalarse en otra área. Existe otro organismo en este planeta que sigue el mismo patrón: El virus. Los seres humanos son una enfermedad, un cáncer para este planeta, una plaga.»

   No es extraño, entonces, que la literatura, desde las utopías y distopías, paradójicamente recurrentes en sus temas y enfoques, haya creado una forma loable de encontrar respuestas a la realidad perturbadora del hombre actual.

   Tal vez, el hombre deba al fin aceptar la idea de que la creación está incompleta y que también necesita de su mano y de su madurez. La literatura puede iluminar este camino.

 

 

  1. ASIMOV, Isaac. Sobre la Ciencia Ficción.

  2. CÁCERES, Jesús Galindo. Ciberespacio, Cibercultura, Cibersociedad.

  3. de KERCHOVE, Derrick, La piel de la cultura

  4. BOFFETTI, Jason. La imaginación católica de Tolkien.

Erik Axel Karfeldt

   Nació  el 20 de julio de 1864 en Karlbo, Suecia. Perteneció a una familia de mineros. Estudió en la Universidad de Upsala y, más tarde, fue docente y trabajó para Biblioteca Real de Suecia, en Estocolmo.

   En el año 1904, fue elegido miembro de la Academia Sueca; en 1905 fue elegido miembro del Instituto Nobel de la Academia y, en 1907, del Comité Nobel. Ya en el año 1912 fue nombrado Secretario Permanente de la Academia. Este puesto de honor lo mantuvo hasta el momento de su muerte. En 1918, rechazó el premio Nobel de literatura.

   La Universidad de Upsala galardonó a Karlfeldtcon en 1917 con el título de Doctor honoris causa 

   En 1931, año de su fallecimiento, fue galardonado con el premio Nobel de Literatura.

Como poeta, alcanzó desde el principio una gran popularidad, figurando hoy en día como uno de los más grandes poetas suecos. Dotado con gran sentido del humor y de la fantasía, como se refleja en Fridolins visor (Baladas de Fridolín, 1898), en Fridolins lustgård (El jardín de Fridolín, 1901), Flora och Pomona (1906) y Flora och Bellona (1918). La naturaleza y la vida en el campo suelen ser los temas principales de sus obras.

EL TEMPLO DE LA CARIDAD (*)

 

Sabemos que llegará

un día al poder y a la cima,

donde las salas están desiertas

y donde los sacerdotes del yo celebran

su cruel culto a Moloch.

 

Como en adviento sube el cántico

presa de santa espera,

lleno el pecho de veneración.

¿Hasta cuándo tardará ella?

Asciende, oh mundo,  y practica

salmos en honor del altísimo,

¡sal y adorna el camino

Con hojas de abedul y palmas!

 

¡Echa abajo los dorados garitos,

los palacios de vicio y deshonor,

levanta casas y graneros

allá donde ella aparezca!

¡Ningún ojo mira todavía

la estrella que te anuncia,

nadie conoce tu tiempo;

pero, mientras avanza la noche

más y más, esperamos tu día,

oh, madre caridad!

 

¡Ve, tus templos, se alzan

en todos los verdes bosquecillos!

Allá van los reyes de la tierra

e inclinan sus coronas;

vacilantes, se congregan,

los cansados, los viejos,

para hallar reposo allí.

Allí sanan mentes muertas,

allí se extinguen recuerdos de miseria

y deseos egoístas.

 

¡Ve, los judíos de la tierra llegan

con sus bolsas de oro!

Las nuevas generaciones florecen

bajo techos seguros;

el amor anda en sueños

junto a arroyos sombreados,

ni pecado ni tristeza conoce.

Y los poetas de la tierra se acercan

al frescor del veraniego día,

y la ofrenda de sus canciones arde

ante la señora del mundo,

la diosa Caridad

ANTE LA PAZ (*)

Habla la tierra: casi estoy fatigada de apresurarme

Como una llama de combate roja a través del espacio             

                                                                       [nocturno.

Esconde en nubes, luna tu siniestra hacha,

ilumínate, sol, en sofocante vapores oculto.

 

Himnos de cementerio, campanas de caídas catedrales

Cantan mi triste camino a través de los páramos estelares.

Y, sin embargo, en mis valles viven suaves enanos,

que sigan edificando casas para su propia paz.

 

Habla la luna: pesa mi brazo de tanta arma,

herido está mi pie de cascos y de espinas.

Quiero ir a mi hogar, salir de esta trampa y cárcel,

a mis campos y viñedos relucientes de rocío.

 

Ante mí la piadosa hoz se vuelve hacha,

la manta de Caín arde en la leña del hogar.

Estoy cansada de seguir falsos honores,

Eleva el pendón de la reconciliación, tú, dorada paz.

 

Habla el corazón: aquí, en mi rincón, tú, duro

frío, ruidoso mundo, encontraré la serenidad.

He guardado semillas de praderas muertas,

granos durmientes, que esperan florecer de nuevo.

 

Hasta que resuenen los nuevos campos,

hablaré sin sonido como una música inaudible.

Canciones durmientes, llegadas de labios y cuerdas,

llevo yo a nuevas generaciones a modo de herencia.

 

La llama de la vida aletea entre vientos y riesgos,

el aceite de la vida se derrama a chorros.

Hasta que vuelva a reinar la calma conservaré yo

mi sangre fresca e incólume y cálida.

 

Donde voy, protegido, entre los hijos de la guerra,

sonreiré a los días de la tormenta y la ira,

porque sé que la más alta plegaria de la tierra

no clama victoria, paz clama.

(*) Traducción: Jesús Pardo de Santayana

William Gibson

  Nació en 1948 en Carolina del Sur. Vive en Vancouver, Columbia Británica. Ha publicado entre otros libros Neuromante, Conde Cero y Mona Lisa Acelerada.

Fragmento de “Quemando Cromo”

Traducido por José Arconada y Javier Ferreira

 

   La promesa de dolor. Está ahí cada vez. Sabes qué va a pasar, pero no sabes cuándo ni exactamente cómo. Uno trata de aferrarse a esas incertidumbres, de merecerlas en la oscuridad. Pero si te preparas para el dolor, no funcionas. Ese poma que Hiro cita: Enséñanos a preocuparnos y a no preocuparnos.

  Somos como moscas inteligentes que deambulan por un aeropuerto internacional; algunas conseguimos colarnos en algún vuelo a Londres o a Río, quizá hasta sobrevivir al viaje y regresar luego.

   -Eh –dicen las otras moscas- ¿qué pasa al otro lado de esa puerta? ¿Qué saben ellos que no sepamos nosotros?

   Al llegar al borde de la Autopista, todos los lenguajes humanos se te desenmarañan en las manos… excepto, quizás, el lenguaje del chamán, del cabalista, el lenguaje del místico decidido a cartografiar categorías de ángeles, de santos, de demonios.

   Pero la Autopista tiene sus reglas y hemos aprendido algunas de ellas. Eso nos da algo a qué aferrarnos.

 

(Del cuento Regiones Apartadas)

   -No lo quieras saber; sin duda eres impresionable. “Era una cabeza fría –dijo ensayando un mal acento sureño- y metálica”. Hacía ruidos electrónicos. Eso es auténtico, amigo, un material que llega directamente del inconsciente colectivo; esa niña es una bruja. No tiene sitio en esta sociedad. Habría visto al diablo si no hubiese crecido con “El hombre biónico” y todas esas reposiciones de “Star Trek”. Está conectada a la vena principal. Y sabe que eso le sucedió. Me fui diez minutos antes de que apareciesen los fanáticos de los ovnis con el polígrafo.

 

(Del cuento El continuo de Gernsback)

 
COMENTARIOS

Discusiones y utopías

Por Olga Reni

   Observemos brevemente el, a veces, irrefutable discernir sobre la verdadera base de ciertos temas esenciales que preocupan al ser humano. Este, de acuerdo a sus estudios, educación y costumbres, escucha, lee o no a especialistas en la materia que lo preocupa; en ocasiones clasifica, disiente o aprueba y finalmente vuelca su pensamiento, (por lo general creído ineludiblemente certero), sobre quienes lo rodean, o bien lo expande en sentido universal.

   Se sobreentiende que todo tema es discutible, especialmente remarcable en lo referente a las utopías; pero aquellos más obcecados suelen levantar un tembladeral y muchos se apresuran a opinar con detalladas comparaciones entre los estudiosos que exponen o publican su pensamiento, tras todo lo cual, pulula la tendencia social de cada uno.

   Se produce entonces una espiral indefinida. ¿Esto es así? o bien ¿es esto otro?  En esa espiral suele, prevalecer la cordura que no todos poseen además de considerar que el tiempo se ocupa de hacer caer las pirámides más altas del pensamiento, regido por cada época, con demostraciones posteriores.

   Tomemos como ejemplo un tema importantísimo, entre tantos, el tiempo con su controvertida eternidad, el que  dentro de la religión cristiana, ha sido analizado hasta el cansancio a través de siglos; pero cuya vigencia, aunque debilitada, aun se mantiene con su llama encendida para inquietar (o adoctrinar) lo primordial del ser que es su espíritu.

   En tal sentido, creo será beneficioso referirme al análisis realizado por nuestro eximio Borges, quien en sus Historia de la eternidad  y Discusión,  se refiere a las  teorías del tiempo y su implícita eternidad.

   Resumo las bases de su pensamiento. Respecto al tiempo manifiesta: “un problema para nosotros, un tembloroso y exigente problema, acaso el más vital de la metafísica”.

   Partamos de las bases teóricas de pensadores como Platón, que nos dice que el tiempo es una imagen móvil de la metafísica; y Borges, desde su propio análisis, nos recalca “las oscuridades inherentes al tiempo: misterio metafísico, natural, que debe preceder a la eternidad que es hija de los hombres”. Una de esas oscuridades es la que “nos impide precisar la dirección del tiempo, que fluye del pasado hacia el  porvenir. Es la creencia común”. Otra oscuridad es: “sincronizar el   tiempo individual de cada persona con el tiempo general de las matemáticas, a lo que Borges, reformándola alega: “Si éste es un proceso mental ¿cómo lo pueden compartir miles de hombres, o aun dos hombres distintos? A lo que agrega la eternidad “cuya despedazada copia es el tiempo”, para definirla como “un juego o una fatigada esperanza”.

   Así, nos introduce en un suceso que le ocurrió al visitar luego de treinta años un antiguo barrio y encontrar casas, veredas y tierra iguales a las ya conocidas, pensando que se hallaba realmente “en mil ochocientos y tantos”, por lo que en ese instante se sentió “muerto,  percibidor abstracto del mundo”.   

   Es casi innecesario recordar sobre la eternidad, que el ser humano, desde su más íntimo pensamiento, salvo por males físicos o psíquicos que no logra soportar, por lógica, no desea morir. Sin recapacitar mayormente en las consecuencias, el individuo es proclive a desear vivir muchos años y considerar íntimamente la utopía de ser eterno sin evidenciarlo.

   Observemos entonces desde la perspectiva religiosa, tan importante, el pensamiento de Borges quien, según sus propias palabras, se consideraba un agnóstico, que como tantos creía en Dios (mencionado frecuentemente en sus obras), pero no en la abstracción que significa la Trinidad, de Padre, Hijo y Espíritu Santo.

   Así, dentro de esta estricta doctrina religiosa y su prédica, podemos deducir, por ejemplo, referente al tiempo eterno del infierno, el ineludible significado de sentido terrorífico que tiene para el cristiano. Si comete pecados en su vida terrena, sufrirá el infierno eterno. Un castigo sin fin.

   Dante Alighieri a través de Canto al Infierno en su extraordinaria Divina Comedia, nos ofrece imágenes espectrales de las almas sufrientes conducidas por ese monstruo de tres cabezas, denominado Cerbero, (Cancerbero) nacidas de su imaginación, pero de las que se logra deducir, el significado terrorífico que en definitiva puede tener para el cristiano.

   Borges por su parte, hace referencia a la duración del infierno “como una especulación que ha ido fatigándose con los años. Lo descuidan los mismos predicadores, desamparados tal vez de la pobre, pero servicial, alusión humana, que las hogueras eclesiásticas del Santo Oficio eran en este mundo: tormento temporal sin duda, pero no indigno dentro de las limitaciones terrenas de ser una metáfora de lo inmortal, del perfecto dolor sin destrucción, que conocerán para siempre los herederos de la era divina”. Y nos interioriza además sobre lo que manifestó el teólogo evangélico Rothe, a mediados del siglos XIX: “eternizar el castigo es eternizar el Mal “ y agregaba “Dios no puede querer esa eternidad para su Universo”, insistiendo en “el escándalo de suponer que el hombre pecador y el diablo burlen para siempre las benévolas intenciones de Dios”, por lo que Borges subraya: “la teología sabe que la creación del mundo es obra de amor. El término predestinación para ella, se refiere a predestinación a la gloria”.

   Para finalizar, Borges nos advierte las diversas razones que la humanidad alega a favor de la eternidad del infierno. Una de ellas consiste precisamente en el temor que nos ocupa, en su tiempo eterno y “ponerla en duda es invalidar la eficacia del dogma y hacer el juego al Diablo”. Otra es “la pena debe ser infinita porque la culpa lo es por atentar contra la majestad del Señor, que es Ser infinito”, la que para Borges “tendría el mismo sentido que calificar santa la falta porque Dios lo es”. Y para concluir manifiesta que “en nuestro destino, por donde, pasan infamias de toda índole, todo se hace posible, hasta pensar en la perpetuidad del Infierno,” aunque considera que es antirreligioso creer en él.

    Surgen entonces utopías, no siempre felices,  influenciadas por el entorno, a través de siglos, como por ejemplo el sonado y siempre discutido apocalipsis, más creencias religiosas dictatoriales que convergen en la atribulada mente del ser humano, cuya máxima aspiración es la libertad personal: otra utopía.

   Bien. Nos hemos referido al pensamiento de Borges sobre el tiempo, la Trinidad y la eternidad, por lo que no podrá pasarse por alto su obra poética tan particular referente a lo tratado y a su propia vida personal.

   Traslado dos o tres poesías de su último libro Los Conjurados (1985), escrito un año antes de su muerte:

        Nubes

 

        No habrá una sola cosa que no sea

        una nube. Lo son las catedrales

        de vasta piedra y bíblicos cristales

        que el tiempo allanará. Lo es la Odisea,

        que cambia como el mar. Algo hay distinto

        cada vez que la abrimos. El reflejo

        de tu cara ya es otro en el espejo

        y el día es un dudoso laberinto.

        Somos los que se van. La numerosa

        nube que se deshace en el poniente

        es nuestra imagen. Incesantemente

        la rosa se convierte en otra rosa.

        Eres nube, eres mar, eres olvido.

        Eres también aquello que has perdido.

 

        La suma

 

         Ante la cal de una pared que nada

         nos veda imaginar como infinita

         un hombre se ha sentado y premedita

         trazar con rigurosa pincelada

         en la blanca pared el mundo entero:

         puertas, balanzas, tártaros, jacintos,

         ángeles, bibliotecas, laberintos,

         anclas, Uxmal, el infinito, el cero.

         Puebla de formas la pared. La suerte,

         que de curiosos dones no es avara,

         le permite dar fin a su porfía.

         En el preciso instante de la muerte

         descubre que esa vasta algarabía

         de líneas es la imagen de su cara.

           Cristo en la cruz

           

           Cristo en la cruz. Los pies tocan la tierra.

           Los tres maderos son de igual altura.

           Cristo no está en el medio. Es el tercero.

           La negra barba pende sobre el pecho.

           El rostro no es el rostro de las láminas.

           Es áspero y judío. No lo veo

           y seguiré buscándolo hasta el día

           último de mis pasos por la tierra.

           El hombre quebrantado sufre y calla.

           La corona de espinas lo lastima.

           No lo alcanza la befa de la plebe

           que ha visto su agonía tantas veces.

            La suya o la de otro. Da lo mismo.

            Cristo en la cruz. Desordenadamente

            piensa en el reino que tal vez lo espera,

            pìensa en una mujer que no fue suya.

            No le está dado ver la teología,

            la indescifrable Trinidad, los gnósticos,

            las catedrales, la navaja de Occam,

            la púrpura, la mitra, la liturgia,

            la conversión de Guthrum por la espada,

            la Inquisición, la sangre de los mártires

            las atroces Cruzadas, Juana de Arco,

            el Vaticano que bendice ejércitos.

            Sabe que no es un dios y que es un hombre

            que  muere con el día. No le importa.

            Le importa el duro hierro de los clavos.

            No es un romano. No es un griego. Gime.

            Nos ha dejado espléndidas metáforas

            Y una doctrina del perdón que puede

             anular el pasado. (Esa sentencia

             la escribió un irlandés en una cárcel.)

             El alma busca el fin, apresurada.

             Ha oscurecido un poco. Ya se ha muerto.

             Anda una mosca por la carne quieta.

             ¿De qué puede servirme que aquel hombre

             haya sufrido, si yo sufro ahora?

   Discusiones y utopías que atravesaron toda la historia y continúan: muchas de ellas, no siempre advertidas, consolidan el poder deslizado en el tiempo sobre los hombres.

 

ALGO MÁS ACERCA DE JORGE LUIS BORGES

Argumentum ornithologicum

(Del libro El Hacedor)

   Cierro los ojos y veo una bandada de pájaros. La visión dura un segundo o acaso menos; no sé cuántos pájaros vi. ¿Era definido o indefinido su número? El problema involucra el de la existencia de Dios. Si Dios existe, el número es definido, porque Dios sabe cuántos pájaros vi. Si Dios no existe, el número es indefinido, porque nadie pudo llevar la cuenta. En tal caso, vi menos de diez pájaros (digamos) y más de uno, pero no vi nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres o dos pájaros. Vi un número entre diez y uno, que no es nueve, ocho, siete, seis, cinco, etcétera. Ese número entero es inconcebible; ergo, Dios existe.

 

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EL FUTURO EN LAS MANOS UTÓPICAS  QUE SE CONTRADICEN

Por Carlos Enrique Bergeglia

Ilustración: Facundo Demarchi

Marzo de 2020

   Usualmente se tiene una visión cotidiana positiva de las utopías, hasta el extremo de oír la expresión “no seas utópico” cuando alguien expresa alguna idea respecto a una mejora socio-económica que pareciera inalcanzable. Expresión que nos conduce a una primera distinción de índole epistemológica: entre las obras filosóficas o literarias pensadas como “utopías” y las restantes, bien se trate de textos igualmente filosóficos o literarios que impiden ser leídas como utopías, sino, por el contrario, como posibles sistemas gubernamentales atentatorios contra la dignidad humana.

   Las utopías suponen una sociedad perfecta en todos los sentidos, entre las más conocidas, las propuestas en “La República” y “Las Leyes” platónicas, la “Utopía” de Tomás Moro, la “Cittá del sole” de Campanella,  la “Nueva Atlántida” de Francis Bacon, y otras. Pero conviene detenerse en algunas de las propuestas para descubrir que no todas, de realizarse, mejorarían realmente nuestra existencia en el mundo, al menos el contemporáneo. Unos pocos ejemplos. Platón, en “Las Leyes” propone la obligatoriedad de reunir en los templos a los niños entre los tres y los seis años vigilados por nodrizas, separados por sexos, y, a partir de los seis ejercitarse en el manejo de la jabalina, el arco y la equitación para defender la ciudad y la música para honrar a los dioses. Campanella, en la “Citta del sole” se queja de que los hombres pongan cuidado en la raza de sus perros, aunque, entre ellos, se mezclen sin tener en cuenta si favorece o no a la descendencia. Moro, a diferencia de Platón, aunque postula la comunidad de bienes desjerarquiza la estructura social de aquél, y, si bien postula la tolerancia, no admite en su sociedad perfecta a quienes nieguen la existencia de Dios.

   Hay numerosos textos que, sin ser denominados “utópicos” caben ser leídos en esta sintonía, entre los más conocidos las propuestas políticas de autores como Voltaire y otros propios de la Modernidad que inspiraron la Revolución Francesa, o, en el caso americano la obra de Guamán Poma de Ayala (s. XVII) “Nueva Crónica y Buen Gobierno”, que, entre otros consejos para hacer viable la vuelta del incanato al poder perdido en manos españolas propone: “el indio en indias, el blanco en España y el negro en Guinea” en una época de la colonia americana donde el mestizaje cobraba ímpetu demográfico, o, nuevamente en Europa, en Edwin Abbott que, en la novela Planilandia, escrita hacia 1880, propone una neta distinción geométrica entre hombres y mujeres, los primeros poligonales hasta los sabios, círculos perfectos, y las segundas, meros triángulos, sumamente peligrosos, además, porque al dar vueltas en su mundo unidimensional, ponen en riesgo la existencia masculina al pincharlos con sus vértices agudos. Y, por supuesto, en esta subcategoría ingresan los numerosos textos de cariz ideológico redactados por líderes políticos, quienquiera tenga presentes las propuestas de “Mein Kampf” podría asociar el ideal nazista del ario puro con la de Campanella.    

   En cambio, las antiutopías, en ese sentido son bien claras  en la exposición de sus antipropuestas, vayan como ejemplos “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, donde impera una sociedad sexualmente satisfecha con un mínimo de conciencia individualizada, “1984” y “Rebelión en la granja”, ambas de George Orwell, donde los hombres son vigilados y regidos por superpoderes que los guían y, a sus oponentes  les lavan el cerebro hasta hacerlos dar vuelta por completo de sus antiguos ideales, o, “El hombre demolido” de Alfred Bester que nos presenta un mundo donde es posible la lectura del pensamiento privando así, a los rebeldes, de toda acción que haga peligrar el régimen imperante. La novela “Diario de la guerra del cerdo”, de Adolfo Bioy Casares, donde los ancianos son perseguidos y asesinados por los más jóvenes, acaso también podríamos invitarla a ingresar en esta segunda caracterización(1). 

   Los “Milenarismos” son movimientos asociados con el Apocalipsis bíblico interpretado de diversas maneras, su origen próximo-remoto lo encontramos en el arribo del siglo X en la Alta Edad Media y los dichos del Apóstol San Juan respecto de un reino terrenal de Cristo que durará mil años, luego de los cuales llegará el Juicio Universal. Numerosos religiosos de esta época no compartían esta visión, por el contrario, pensaban que el cambio de milenio traería, al hasta entonces decaído Occidente, la apertura a una nueva fase luminosa y llena de esperanzas. 

   Entre los mayores representantes de esta idea lo hallamos a Joaquín de Fiore (1131 – 1202), quien distingue tres épocas en la historia de la humanidad, la primera, reino del Padre, que dura algunas decenas de siglos y la caracteriza como la “era de la ley”, la segunda, del Hijo, “era de la Gracia”, y, la tercera, que durará mil años, será la era del espíritu Santo, la “era del Amor”.

   A partir de semejante concepción filosófico-doctrinaria-cristiana se formulan distintas propuestas en relación a esta asociación, la mayor parte de las cuales matematizan el tiempo histórico de una manera sumamente banal, entre las más conocidas figuran las de lo testigos de Jehová donde el Milenio de Paz es inmediato y solamente podrán gozarlo algunos miles de elegidos y otras similares.

   Capítulo aparte merece el milenarismo americano en tiempos de la colonia, donde lo más característico radica en el sincretismo de las ideas y prácticas religiosas traídas por los curas evangelizadores mixturadas con las costumbres ancestrales aborígenes y que abren a un mesianismo pronunciado, como por ejemplo las rebeliones incaicas del siglo XVIII y su ideal de resucitar el Imperio tal cual era antes del arribo hispánico (la obra de Guamán Poma anteriormente citada es un claro ejemplo de lo afirmado).

¿Por qué apego al pasado? ¿por qué convulsión o revolución? Zygmunt Bauman, en su última obra, “Retrotropía” habla del tiempo actual como requerido de tomar el pasado como ejemplo para rectificar los males que nos aquejan y hacerlo redivivo, al respecto “el hombre, en su actual fase consumista-narcisista está torturado no por su culpa sino por su ansiedad … exige satisfacciones inmediatas y vive en un estado de inquietud y permanentemente insatisfecho deseo”.

   “El futuro es hoy” (frase acuñada por los sistemas publicitarios del último decenio), en ese sentido, ya no parece tan lejano aunque, sí, más amenazante que los futuros propios de otras épocas (cada tiempo histórico tiene su propio futuro, evidentemente el nuestro es muy distinto al soñado por los socialistas del siglo XIX), habida cuenta de la rapidez con que transcurre el tiempo y cómo lo experienciamos: el sujeto medieval cuando asistía a la colocación de los cimientos catedralicios sabía  que ni él ni sus hijos o nietos verían a la iglesia erguida, hoy, cuanta obra se inicia requiere una resolución si no inmediata al menos que no se extienda más allá de una generación(2).

   “El futuro es hoy”, la fertilización in Vitro, la modificación de la secuencia del ADN en los seres humanos, la clonación animal, hechos en el nivel biológico; la miniaturización de los elementos electrónicos, la bancarización que vuelve obsoleto el anonimato del papel moneda e identifica a cada portador de tarjeta hasta en sus mínimos gastos, éstos en los niveles tecno-sociales y otros hechos similares demuestran claramente que la institución clave de la sociedad, hasta ahora, las unidades familiares (de cualquier índole, tradicional de ambos sexos, gays, y restantes) se hallan también rozadas por cambios estructurales,  donde litigan los poderes que lo acentúan, promueven o temen, o, también, basados en las convicciones o conveniencias que ventilan.

   ¿A partir de qué filología básica habrá de entenderse la ambigüedad de la frase “el futuro es hoy”, que vuelve por tercera vez a nuestro examen, ahora con el fin de corroborar el cumplimiento de las utopías? (3) Veamos:

   El vínculo interhumano coloca a los seres “frente a frente”, al “lado” o al “costado”, esto ha sido siempre así, sin variedad en el tiempo histórico sucedido, y, menos aún, en este hoy apuntado (y, en parte, realizado), por las utopías.

   Este vínculo abarca desde el yo-tu, (vos, en argentino básico) tal como lo expresa, idealmente, Martín Buber y cuantos apuntan a un nexo integral entre los hombres, donde, sobre la primacía de la proximidad,  no siempre asociada a la cercanía afectiva, esto es, al individuo como prójimo,  se divisa el horizonte cruzado por  los diversos matices del yo-otro, que, por momentos, parecieran aludir, indistintamente, los distintos tipos de relación ya aludidos que obligan a una aclaración necesaria para bien comprenderlos:  ubicarse “frente a frente”, donde priman desafío y desconfianza, de ninguna manera resulta siquiera similar a colocarse “al lado” para ayudar en algo a quien lo requiriera, en ambos casos se trata de “proximidades”, pero la intencionalidad de la acción difiere substancialmente, al igual que, si al sujeto lo tenemos “al costado”, habría que ver con qué disímiles voluntades de sujetarlo, menospreciarlo o incluso, nueva  (y más raramente) auxiliarlo.

   Recordemos, prosiguiendo con el ejercicio filológico, la misma raíz de enajenación en “alter” y “alien”, y que, como resumen absoluto, el roce con el otro solamente provoca un resultado: el encuentro o su contrario, el desencuentro (reuniéndose, bajo la apertura de esta misma llave, la indiferencia, la opresión, el menosprecio, etc).

   A este repaso filológico habremos de añadirle un fenómeno psicológico notable: el placer que sienten los seres humanos en mostrarse (“pavonearse”, como diría el protagonista de algún tango), algo derivado de la fuente de presunción en la que, al abrevar a diario, calma su simultánea sed de “orgullo” y “vanidad” cuando deposita estos florilegios en los demás (alter), y origina, de inmediato, dos reacciones adversas y, prácticamente, inmediatas, la “envidia” y el “resentimiento”, fuentes que, si bien no calman la sed de sus víctimas,  sí les proveen de suficiente sal a sus papilas emotivas  que anhelan saciarla de cualquier manera, procediendo a identificaciones con sujetos de  parecidos deslaves mentales, cuya  sumatoria y aunamiento suelen originar verdaderas convulsiones sociales.

   “Identidades” para crear diferencias, los sujetos se reconocen entre sí para la formación de grupos (de edad, situación económica, país, lengua, religión, o lo que fuere) y tener bien catalogados a quienes se encuentran en las veredas del “costado”, al “lado” o de “enfrente” y mantener, con ellos, distintos tipos de confrontaciones, prensiles, a su vez, de diversas con-formas de violencia (física-directa, la más visible, y una multiplicidad de manifestaciones simbólicas-indirectas donde entran a tallar las ansias de “mostrarse” a las que ya hicimos breve referencia, con la finalidades espurias de despertar, en el alter, sentimientos de frustración o envidia, o, algo similarmente igual de negativo, alardear de una felicidad negada en ese alter o, incluso, llegar hasta a burlarse de sus sufrimientos o menospreciarlos.

   Y un último ingrediente (al menos importante para las utopías) resaltable del psiquismo humano(4): su predisposición hacia la jerarquía  y los diversos resortes, individuales y sociales, concientes e inconcientes, para admitirla, o, más sinceramente dicho, para acatar las distintas prerrogativas emanadas de los poderes económicos, políticos, intelectuales, familiares, religiosos, etc, manifiestos a diario y que ordenan (y reordenan cuando algunas formas caducan, nunca restan vacantes sus sitiales), la existencia humana hasta en sus mínimos detalles.            

   Concluyendo brevemente: el accionar de los diversos tipos de intencionales modificadores potenciales del futuro, como me place denominar estos juegos intelectuales a los que hemos pasado revista en la primera mitad del ensayo, resulta posible por obra y gracia de la suma de estas peculiaridades psicológicas encarnadas en  los seres humanos, no hablan muy bien de una gran mayoría de ellos que digamos, afortunadamente, una pléyade minoritaria de sujetos suele evadirse de esas redes y convertir la existencia del resto en esta confusión alocada de sucesos, expectativas y explicaciones, siempre incompletas, de los aconteceres históricos que nos envuelven como un torbellino.       

   Y, efectuando una segunda conclusión fidedigna a esta propuesta intelectual: enaltecer la misión por excelencia de la razón, desengañar, quitando los disfraces que utilizan las elucubraciones utopistas, para, así, evitar las seducciones de su canto de sirenas,  ya que siempre terminan devorando a los incautos. 

 

DOBLE SECUELA

Abril del 2020. Unifica, el escrito inmediato sobre las utopías, con las reflexiones que despierta la invasora pandemia del coronavirus.

 

   The day after es el título de una película norteamericana que, en la ficción, refleja las consecuencias de una guerra nuclear entre las grandes potencias de la época, (dos últimas décadas del siglo precedente), asumido hoy por numerosos periodistas y escritores que aventuran distintas hipótesis sobre cuanto sucederá (sucedería) una vez la plaga que nos acomete se retire a cuarteles de invierno (y, en ellos, prepare sus huestes para una nueva acometida). Sumamos nuestra voz a dichas apreciaciones.

 

Las enumeramos:

1. Económicas: Ya se han arrojado sobre el tapete la mayor parte de las cifras por los múltiples “entendidos” en la materia, la obligada cuarentena ha determinado que muchos empleados y obreros, sobre todo los informales, pierdan sus trabajos o amengüen considerablemente sus ganancias. De forma paralela, dará (ya está dando) lugar a resultados opuestos, esto es, a las ganancias que obtendrán las compañías, los Estados, las empresas, gracias a la producción de insumos para combatir la plaga, directa, o, indirectamente, para satisfacer un mercado deseoso de regresar al consumismo de productos transitoriamente frenados por la crisis. En sociedades corruptas acentuará (también ya lo está haciendo) las prácticas de las que se valen, quienes las componen, para acometer a los simples ciudadanos con los hechos delictivos, disimulados gracias a la vista gorda formalizada por los funcionarios “edulcorados” por los miembros de las cancerígenas mafias que las componen.

2. Bío-fisiológicas: No quepa duda alguna que será derrotada, anotando un nuevo blasón para las ciencias, el logro excelentemente alcanzado por la razón desde la modernidad, sumándose, su descubrimiento, a las vacunaciones anteriores que erradicaran la viruela y la poliomielitis, entre diversas pestes, al de los antibióticos y los analgésicos, a  los tratamientos con rayos y las operaciones cada vez menos invasivas de los organismos que elongaran la existencia humana hasta los promedios actuales de las  casi nueve décadas que rozan los habitantes de los países más desarrollados del planeta.

3. Histórico-sociales. Tampoco quepa duda que marcará un hito de suma importancia en la historia de la humanidad, un hito que, empero, no implica necesariamente un cambio de rumbo en el inalterable camino de sí misma(5); prever, como, en efecto lo hacen numerosos autores, un nuevo paradigma posterior a, o a consecuencia de, la plaga, menciona, indirectamente, los contenidos ideológicos que posibilitan estas conclusiones, tal vez lleguemos a avistar algunos giros en su marcha, pero nunca tan extremos como los soñados cambios radicales en las conductas humanas, los sistemas económicos o políticos. Sin duda, sí aumentará la vigilancia sobre los ciudadanos, acción que desvela a la mayor parte de las sociedades desde siempre, posibilitada por el  exponencial desarrollo de la tecnología cibernética, algo que ya se está adelantando en los regímenes dictatoriales.

4. Religioso. Tal vez la irrupción del nuevo virus simplemente acelere la paulatina desconfianza de la gente hacia los sistemas eclesiásticos formales que se viene notando hace años, en tanto, los  creyentes se afirmarán en sus sistemas guiados por los ortodoxos y fundamentalistas, algunos de ellos, verán en el fenómeno signos de advertencia celestiales a tomar en cuenta como previos a tiempos apocalípticos más definitivos (en los monoteísmos judeo-cristiano-musulmanes, no así entre los budistas o hindúes, cuya lectura de la historia difiere en grado sumo con la occidental). Los ateos, mientras tanto, seguirán inalterables en su postura crítica o hasta encontrarán un nuevo argumento para sostenerla.

.5. Humana. La naturaleza humana no cambiará un ápice, los instintos y las emociones a ellos asociados (sobre todo la ira que se despierta repentina y el miedo ante lo desconocido), permanecerán inalterables, como lo fueran desde sus mismísimos comienzos en la escala evolutiva, la vida sentimental y afectiva tampoco se verá afectada, el amor y el odio seguirán alegrando y atormentando a las almas (a simple título de ejemplo, la correspondencia entre los poemas homéricos y la literatura actual bien lo expone, mutan los estilos, las poéticas y las lenguas que expresan los distanciamientos y las cercanías corporales y anímicas, pero la fuente inspirativa  prosigue inalterable), envidias y codicias seguirán sobreponiéndose a cuantos ingenuismos avizoren épocas distintas desaparecido el accionar del virus, por suerte, las fuerzas contrarias del afecto y la camaradería también continuarán su lucha contra estos tumores del alma, ¡de ninguna manera transitorias como la plaga que nos acomete!  

Conclusiones: El resarcimiento, salvo para las víctimas mortales, no demorará en mostrarse, la racionalidad instintiva  dará, una vez más, muestras de su fortaleza, si, tal la sospecha que anda circulando, se lo descubre como un virus de laboratorio, el castigo para sus productores, a nivel estatal o privado, será irrelevante en comparación con el daño que causaran, la predominancia del mal así lo exige. Y la que, nuevamente volverá a sufrir la arrogancia inescrupulosa de los hombres habrá de ser la Madre Tierra que, estos meses, lentamente, recuperó sus fueros: los animales volverán a ser cazados, los bosques talados, los ríos polucionados…

… y “la Biblia junto al calefón” del inmortal Discépolo continuará demostrando la capacidad humana para persistir entre las contrariedades sobrevenidas  de afuera y las contradicciones propias de su especie…

 

(1) Nada debiera extrañarnos que, en España, ante el brutal embate del coronavirus , los respiraderos, les sean quitados a los ancianos para cedérselos a los jóvenes, o, en Holanda, el Estado reparta cápsulas de veneno entre los mismos mayores por si tuvieran  deseos de quitarse la vida … 

(2)El mismo sujeto medieval (que, cuando sobrevino una  pandemia inspiró a un grupo de nobles para hallar  refugio en un castillo aislado, dando, así origen a las historias del Decamerón, de Bocaccio, que se relataban, para entretenerse), la aceptara con resignación, enfrentado, ahora, con el sujeto del siglo XXI, año 2020, que, ante una afección similar, apura el tiempo de las ciencias para crear un remedio genérico capaz de eliminar la plaga del coronavirus en un tiempo acortado y, ahora sí, manipulado por los hombres (el tiempo que transcurre cotidianamente, no el que nos trasciende)

(3) Otro lugar común, aunque de más antigua data, digno de tener en cuenta, es el siguiente: “la paz se impone por la fuerza”, sería interesante rastrear esta exigencia en el conjunto utópico, discutiendo, a la vez, sus relevancias racionales o ajenas a cualquier atisbo suyo

(4) Otro lugar común, aunque de más antigua data, digno de tener en cuenta, es el siguiente: “la paz se impone por la fuerza”, sería interesante rastrear esta exigencia en el conjunto utópico, discutiendo, a la vez, sus relevancias racionales o ajenas a cualquier atisbo suyo pueblan el pensamiento de los creyentes, animándolos para la aceptación de los órdenes que soporta en su propio y diversificado mundo.

(5) Al menos en dos obras de mi autoría (Razón, persistencia, racionalidad, Biblos, Buenos Aires, 2005, y Decisiones y riesgos, Prometeo, Buenos Aires, 2016) expongo mis ideas sobre la Racionalidad Instintiva, acción aparentemente contradictoria que, sin embargo, motoriza la historia impidiéndole caer en exageraciones desmedidas que la perjudiquen hasta el extremo de desarticularla: en las guerras (en la Pra  Mundial lo hizo anulando los ataques con gases, la Sda culminó con los bombardeos atómicos a Hiroshima y Nagasaki, artefactos tan destructivos que no tornaron a utilizarse),  deteniendo a tiempo las exacciones a la naturaleza antes de agotarla por completo, aflojando el dominio sobre los sectores humanos más débiles anulando la esclavitud (aunque no la servidumbre, que la reemplaza solapadamente), mancomunándose en el combate contra las plagas como lo estamos apreciando en estos días aciagos … la practicidad la hace emerger siempre incólume de cualquier trastorno.

 

Por Ramiro Ezeiza

ROGER MARTIN DU GARD  

UN  NOVELISTA CASI OLVIDADO

   Desde que algunos sociólogos tudescos investigaron lo que llamaron “la industria cultural” los pacientes lectores tuvieron que afrontar incesantes desafíos para hallar en las librerías, desde entonces abarrotadas de libros intranscendentes, una literatura donde el autor tenga en realidad algo que decir y no se dedique a ofrecer entretenimientos o formas de perder el tiempo.

   Así, el lector común, que quiera hallar en la literatura una respuesta para las preguntas de la vida sin entrar en disímiles filosofías o intente comprender la realidad a través de los ojos ajenos, deberá buscar autores tanto del presente como del pasado que digan algo y no engrosen los estantes de los demasiados libros.

   Estaba reflexionando en este orden de cosas cuando hallé (no diré dónde) la obra de un autor francés, hoy casi desconocido, aunque haya recibido el Premio Nobel en 1937. Me refiero a Roger Martin du Gard.

   Este autor brilló en el período de entreguerras, cuando escribir bien y tener sutileza psicológica para presentar a los personajes de una novela o de un relato eran importantes.

   Después de 1945, el americanismo que se impuso en el mundo y sus autores de lengua inglesa, reemplazaron todo ello con formas primitivas basadas en el sexismo y la violencia. Se iniciaba una nueva época, que hoy termina produciendo trilladas novelas policiales.

   Volviendo a nuestro autor, diré que escribió, aparte de “Jean Barois” y “Los Thibault” una obra brevísima llena de finura a pesar del tema, extraña a la literatura inglesa, llamada “Confidence africaine”.

   Esta “confesiòn” es un relato donde nos habla de la relación pasional entre dos hermanos, en este caso –como lo indica la naturaleza-  un hombre y una mujer. Es una relación que dura los años de juventud de los dos protagonistas. Todo se desarrolla en el clima de una confesiòn, como lo indica el título del relato, donde se da a conocer “un trozo de vida” presentado sin juzgar.

Esta es una obra que debería buscarse y releerse por el valor literario que tiene.

   Con Roger Martin du Gard recuperamos una literatura que habla de la naturaleza humana con sus luces y sombras, sin recurrir nunca al escándalo.

UN POETA FRANCÉS DESCONOCIDO

THIERRY DE JARBOIS

   Thierry de Jarbois fue un poeta que murió joven. Había nacido en Dijon en 1940 en plena guerra mundial y murió en la misma ciudad en 1967. En su vida escribió tres libros en edición de autor, “Exercices poétiques” (1960), “Le Chant du monde” (1965), que es toda su obra poética, y un breve libro de pensamientos y reflexiones, aparecido meses antes de su muerte, que tituló agustinianamente “Ordo amoris”.

   Ser joven, ser poeta, vivir en provincia y editar sus propios escritos, sin duda alguna, no contribuyó a la fama o a un mayor conocimiento de su obra.

   El traductor al español declara que fue en una librería de lance, en la propia ciudad de Dijon, donde descubrió los libros de este poeta casi secreto. Fue obra del azar, que nada tiene de azaroso. El dueño de la librería lo inclinó a observar estos breves libros atados con cintas de olvido. Asimismo, el viejo librero no sólo recordaba al poeta, sino la dirección donde vivìa con su hermana. Ocasión que el traductor aprovechó para visitar a Helène de Jarbois. Encontró a una dulce anciana muy memoriosa, que le brindó con amabilidad mucha información sobre el poeta. Recordó que su hermano había estudiado comercio a instancia de sus padres, pero que su verdadera vocación era la literatura. Leía, dijo Hèlene toda la poesía del mundo que podía conseguir y que había quedado impresionado por la poesía clásica japonesa, sobre todo los  haikus. Thierry sabía, dice Hèlene. que ningún occidental puede escribir haikus verdaderos, porque pertenecen a una civilización distinta y nacen de un condicionamiento mental propio de esa civilización. Sin embargo, intentó escribir poemas brevísimos con un gran poder de sugerencia. Por otra parte, leía con frecuencia a los grandes líricos como Keats o  Hoerderlin, pero su poesía no iba en esa dirección, subraya Hèlene, pues querìa encontrar cuàl era su voz propia. Digno de destacar  es que nuestro poeta había aprendido español y conservaba un viejo libro de Ricardo E. Molinari “Mundos de la Madrugada”.

   Thierry de Jarbois ensaya en su primer libro el poema mínimo y sugerente. Luego, se volcó a una poesía reflexiva, donde las influencias son màs veladas.

   Como ya mencionamos, también publicò un libro de pensamientos y reflexiones que, según se hermana, anotaba en un cuadernillo que siempre llevaba consigo..

   Como mejor que explicar es mostrar, aquí presentamos algunos poemas de este autor.

 

De “Ejercicios poéticos”

                                                     Pez volador

                                                     Soledad del mar        

                                                     En el aire.

                                                     .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

                                                     Mariposa altiva

                                                     Pasas como un lujo

                                                     Que nos esquiva

 

De “El canto del mundo”

El tiempo escondió todas las cosas amadas.

La memoria olvidó todos los nombres,

que creaban belleza en los días.

Un aislamiento profundo fue enmudecido en silencio.

Los amigos murieron,

los libros se perdieron,

los escritos se borraron.

Ahora, la lluvia, en la oscuridad de la noche,

lava toda huella.

Lo que fue termina no siendo.

Entonces, ¿por què esto se repite,

insistente,

en otros corazones?

 

 

DE LAS VARIAS DOCTRINAS

 

Tantas doctrinas filosóficas y teológicas,

tanta erudición y exègesis,

mas comentarios de comentarios,

que la cabeza cansada

y, finalmente, confusa,

vuelve –como en la infancia-

sólo a contar los pètalos dev las flores.

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