JULIO BEPRÉ. Ensayo. Decoración o destino

AMALIA M. ABARIA (Grupo Aletheia).

Cuatro poetas: Concepción Bertone,

                           Miguel Ángel Federik,

                           Gisela Colombo,

                           Andrés Utello.

DECORACIÓN O DESTINO

Julio Bepré

 

   Es indubitable que el hombre es una entidad determinada por fines; continuamente se hace proposiciones y se encamina hacia algunas, rechazando otras.  La elección, dudas, y el sacrificio por algo que se pretende concretar constituye algo típicamente humano, y es advertible en ello la incidencia recíproca que tienen los factores individuales y colectivos. El fenómeno de la especialización es también una nota propia del hombre y apunta a sus numerosas necesidades: es por una libre decisión o compelido por distintas motivaciones, como se opta por realizar algo. De una forma elegirá (si es que puede); el habitante de una aldea africana, en tanto, corresponderá otra muy diversa a quien se encuentra inserto en una sociedad de consumo.

   Hay distintas visiones, si no totalmente negativas al menos escépticas, respecto de la proyección de una sustantividad humana que reúna alcances de servicio y solidaridad incuestionables: la historia abona tales estimaciones. Resalta la crueldad que se desplegó en el cercano siglo XX,  y ni qué decir del ímpetu destructivo que envuelve hoy a la humanidad. Indudablemente hay transgresiones, desconocimiento, negación y hasta rechazo de los valores atinentes al espíritu, de toda aquella virtualidad axiológica que sostiene la dignidad  que corresponde a todo hombre por ser tal.

   La religión, la filosofía, la poesía, el arte y la ciencia en general, devuelven al viviente la certidumbre de que la existencia tiene un implícito sentido trascendente y una participación ennoblecida para con el resto de los demás seres. El infierno son los otros, se afirma en una obra de Sartre; pero en ello existe una total aceptación de lo absurdo, del sinsentido, de la inanidad de un mero vivir sin ninguna referencia a una perspectiva de esperanza o liberación. Y si todo es así ¿qué resulta de ello? ¿Qué podemos creer, crear, compartir o celebrar en nuestro concreto vivir?

   Si en este arduo tiempo que transcurre no vemos asomar con claridad  una esperanza equilibrada y sin retaceos injustos ni con imposiciones arbitrarias de los dueños del poder, existen muchos hombres a pesar de lo apuntado, que con sus gestos y acciones nos recomponen, en alguna medida, de las desventuras que se sufren en el mundo. Son precisamente aquellos implicados y comprometidos en la aventura de la creación y entrega desinteresadas

   Ubicando como ejemplo al poeta, ¿qué hace este buen hombre? Nada menos que internarse a través del lenguaje en el misterio de la vida y su belleza, para así vislumbrar el núcleo del Ser y aprehender en consecuencia una razón valiosa y verdadera que explicite nuestra humana situación. Esto no implica pretender que la actividad poética suplante la relacionada con otros valores, y menos que sea la solución única que permita enervar la orfandad existencial;  el acto de poetizar, de intentar asir la poesía, implica un salto en el vacío del que no se conoce adónde puede concluir. Quien haya elegido un quehacer creativo valioso como un seguro recurso para el logro de notoriedad –y sin desconocer que toda buena obra puede avecinarla-- ha errado manifiestamente, conforme a cuanto hemos sostenido antes. Afirmó James Joyce  que nadie puede ser auténtico artista si no logra en algún momento librarse de la mediocridad ambiental, de los entusiasmos baratos, de las sugerencias maliciosas y de todos los aduladores influjos de la vanidad y la ambición.

   No se trata de convertir al poeta, al artista, al filósofo o al científico en ascetas o en seres diversos de sus semejantes; quien se sienta distinto se alejará aún más de la verdad, y sus resultados creativos o de investigación u ordenamiento de la realidad, estarán teñidos de puro solipsismo que a la larga lo establecerán en un callejón sin salida.

   El arte, la filosofía y la ciencia no son algo decorativo; cada proposición que nos hagan implicará un desafío que conlleva y exige una plenitud participativa cuando no la expulsión de cualquier acomodo banal al que a veces nos entregamos. El poeta –reiterando la ejemplificación-- debe asumir su rol de creador con la convicción de que hereda experiencias anteriores que enriquecieron el lenguaje del cual se vale, además de aceptar cualquier eventual éxito como una incidencia facticia.

   La historia acoge sobradas pruebas respecto a esta afirmación. ¡Cuántos celebrados autores lograron con el paso del tiempo apenas una exigua mención en los manuales de historia de la literatura! Los espacios de poder no son propios del arte, de la filosofía, de la ciencia y menos aún de la poesía, puesto que ella –como lo expresara René Menard-- no promete ni consuela de nada. Quien no acepte el desprendimiento que implica la creación, se engaña a sí mismo, y quien se desangra por obtener alguna distinción o merecimiento, necesita retornar cuanto antes a un conveniente equilibrio interior. Si bien el hombre es un haz de posibilidades, la intención de permanecer, de anular el olvido, de conjurar al tiempo, no depende de él, y quien no haya meditado esta evidencia tampoco lleva un rumbo acertado.

   El creador, en definitiva, no puede estar calmadamente invadido por la complacencia de ser tal; le corresponde  ante todo sentirse comprometido por ello y, muchas veces, con renuncia de las bondades que quizá provea una existencia más ordinaria. Además toda auténtica y trascendente creación humana, no distrae ni constituye una suntuosidad del espíritu, sino que es un intento máximo para restituirle al hombre las excelencias quebrantadas por la civilización cuantitativa, mecánica y consumista, y de crearle otras nuevas posibilidades de crecimiento interior.

   El creador es un indagador, un buscador, un equilibrista en una cuerda floja, alguien que sabe que deberá alejarse de cualquier canto de sirenas, alguien que debe en cada momento avanzar para acrecentar y prodigar la noble actividad a la que se ha entregado. Se trata entonces de no ser simplemente un buen hombre sino un hombre bueno; el pensamiento desinteresado no puede ser nunca decoración sino destino.

POETAS ELEGIDOS

Amalia Mercedes Abaria – Grupo Aletheia

 

CONCEPCION BERTONE

 

Nació en Rosario, Santa Fe, donde reside es poeta y escritora. Estudió inglés y francés en la Alianza Francesa.

Ha publicado los siguientes poemarios: (1983): El vuelo inmóvil, Ediciones La Cachimba, Rosario.(1993) Citas, Ediciones Bajo la luna, Buenos Aires-Rosario. (2006): Aria Da Capo, Ediciones del Dock,  Buenos Aires.

Docente de talleres literarios en centros culturales de Rosario. Escritora en diarios y revistas del país  y del exterior. En el diario La Capital de Rosario ha escrito durante mucho tiempo sobre los poetas rosarinos.

Jurado en el Premio Nacional de Poesía. Compiló Las 40. Poetas santafesinas 1922-1981 que le publicó la Universidad Nacional del Litoral (2008)

En edición editorial se encuentran dos libros: Esperando la nieve y Figuras de billar sobre la noche.

Sus poemas se encuentran en distintas antologías: Poesía completa, de Juan M.Inchauspe (UNL), Poesía completa, de Aldo Oliva (Edit. Municipal de Rosario).

 

 

CABALLOS

 

     “A mi padre Francisco Antonio Aversa, en memoria”

 

Yo sólo veía del caballo oscuro
el lucero de blanco pelo
que le dividía la frente, la crin
tusada por la parcial visión, por el hecho
de no tener más ojos
que para ver esa estrella. El
veía la majestuosa genealogía del pedigree,
el pelaje enjoyado por el “masaje”, el
cuidado amoroso, antes y después
de la carrera, el paso airoso,
la apuesta de la corazonada, la gesta, y
lo que yo puedo ver ahora
en el remedo, la copia ex profeso inexacta-
que queda en la memoria: el juego
por el juego, por la lúdica
vida, la vana gloria, la herida
siempre enconada del recuerdo. Mi padre.
Una pura sangre un quemante resuello
de hazañas y rodadas,
un destello de hielo
en los claros ojos. Siempre será
ese modo lejano de amar. La luna,
en un eclipse total, esta noche
que la tierra no la deja mirarse
en los ojos del sol, es fija
de ese amor que me entenebra.

 

(De Aria Da Capo, Ediciones Del Dock, Buenos Aires, 2004)

 

 

 

ESPERANDO LA NIEVE

 

                                         a Glauce Baldovín, in memoria
 

Todos dicen que va a nevar en la ciudad.
Todos quieren ver en la nieve algo nuevo,
algo raro y ligero porque
no sabríamos convivir con eso. El rostro
del otro es nuestro rostro y el hielo de la nieve
lo refleja. Pero nunca cayó. Sólo piedras
de hielo y algo de la tempestad
que destruyó a los árboles. La tarde
se hizo noche y el cielo
me develó el humor de los pájaros, la tijera
de una bandada ruidosa
buscando dónde anidar.

Y nada
que no supiéramos –salvo volar-
nos pasa. La nieve
cae siempre en otra parte.

El derroche es una ley
del arte y de la naturaleza apaleada. Siempre
hay tiempo, tibiezas
de Barragán antiguo, enaguas de jerga,
lienzos bordados por mi abuela
contra la guerra que,
en ese hacer sumida, florecía en la tela.
Flor rebelada contra la nieve
que había que cavar para ver la luz,
el suelo fangoso que dejaba la pala
enterrando la bala del cansancio
que le hizo estallar una noche
el corazón.

El tuyo, el de ella. Se supone cordial
la huella del pespunte, el hilván,
la mirada ciclópea de la aguja, lo que cava
la pala cuando siembra. El filo del papel
o del hilo. Se supone cordial
entre los yuyos donde se afila un lirio
no pisar su destino de cuchillo

salvando una parte
de un día de pesar.

Del peso del avatar, de ese mal
expresado nombre
de lo adverso. Reverso del candor, cuando te mata.

  

(De Aria Da Capo, Ediciones Del Dock, Buenos Aires, 2004)

 

 

MIGUEL ANGEL FEDERIK

 

    Nació en Villaguay, Entre Ríos, en 1951. Es poeta y ensayista. Ha publicado La Estatura de la Sed (Santa Fe, 1971); Fuegos de Bien Amar (Biblos, Bs. As., 1986); Una Liturgia para Némesis (Premio Fray Mocho de Poesía de E. Ríos, l991) De Cuerpo impar (Edic. Río de los Pájaros, 2001),  Imaginario de Santa Ana (Río de los Pájaros, 2004). Niña del Desierto y otros poemas  (Ediciones del Clé,2010). Su Poesía reunida bajo el título Geografía de la Fábula, se halla en prensas de Eduner.

   Como ensayista ha participado en la Obra Completa de Carlos Mastronardi, (UNL, 2010)   Poesía Completa de Juan José Manauta (Eduner, 2015) y Poesía Reunida de Daniel Elías (UNL-UNER, ,2012). Su libro Geografía de la Fábula, fue 2do Premio del Concurso de Letras (Género poesía) del FNA, 2017.

 

       

PERRO DE ANDÉN

                                                  “Ten paciencia, que yo alcanzo razón y estoy ausente”

                                                                                                       Garcilaso de la Vega

                                 

Esta criatura que se lame el pecho

y después me mira,

hace siglos que ha perdido a su amigo.

 

Su esperanza o su olfato, que en ella son lo mismo,

la ha llevado a plazas, andenes, terminales,

sitios de trasbordos y confusas multitudes

promesantes de esta prosodia vulgar,

de viajar por viajar y de existir sin sentido.

 

Confía que entre estos miles,

un día volverá aquel con quien fuera cazadora,

en tiempos en que ni siquiera los dioses existían:

salvo la estrella sol y aquella faz de la redonda luna

que aun nos reúne en el reversible arte de las licantropías.

 

Conserva el don de oír antes que lleguen,

las inundaciones del agua o de las ardientes lavas,

pero  se resiste a creer que el perdido y sólo para siempre

es el otro: nosotros, los inmortales todavía.

 

Si se hubiese hecho lobo ya estaría muerto,

como tantos de los suyos, o de los nuestros

que no se domesticaron ante el terror,

los exterminios, los exilios, los hastíos.

 

La acaricio y me lame las manos; 

y a ignorancias iguales, su mirada

es más hospitalaria y creyente que la mía.

 

La suya hace siglos que espera a una criatura

que ya no llegará.

 

No, que no llegará nunca.

                                                                         (Inédito)

                        

 

                                        *

 

 

 

ELEGIA POR ALLEGRA

 

                                                      En memoria de Allegra Byron, hija de G .G. Lord Byron

                                                     que murió en Bagnacavallo, Italia, el 20 de Abril de 1822

                                                                                    a la edad de cinco años y tres meses.

                                                                                                (Lápida escrita por su padre)  

 

 

Huelgan los embalsamadores a tu lado

con un lívido saldo de ungüentos y tijeras

y sollozan los urgentes monaguillos del claustro

suspendidos del levísimo perfume de tu muerte.

Y lejos cae la tarde turbia

por un fanal de gárgolas boquiabiertas.

 

¿Pero dónde dormirás ahora

con tu ángel de cuclillas velándote los bucles,

travesura del error, pompa de tinieblas?

¿Dónde, dónde Allegra mía,

escándalo de Dios, impericia de las hadas,

esguince y avería de la primavera?

 

Hace rondas mi mano y no te encuentra

en el retablo de nubes de la historia y sus días

ni en las rayuelas de la memoria y su escalera,

sevicia de la sombra, Allegra, Allegra mía,

caracola que no se abrió sino a los improbables

querubines del infinito, lujuria de la eternidad,

brasita de incensario, inasistencia del perdón,

temblor de la nieve y los almendros,

sorprendida ante la inmensa soledad del universo.

 

Rehusarán los enterradores de Harrow

a guardar tu cajita de música callada,

tu pequeño cobre de asombrado alabastro:

nardo, nácar, lumbre, arcangélica sed de la seda,

desnudez del infortunio, traspié de la mañana.

 

Sólo en ti fue posible la venganza,

esa vergüenza de los débiles,

pujanza a solas, azor de azúcar, brote en su cuna,

luna quebrada, espuma sola, melodía,

descarne del contraluz, avaricia de la suerte,

gacelita sonámbula, flauta en el país de los colores,

extravío y esplendor de las torpezas.

 

Y huérfana en la muerte.

Como todos.

                  

                                                      (De “Una Liturgia para Némesis”)

                              *                

           

 

AL MONJE DE SILOS

 

En esta torre en que bogan indolentes

las sombras del vencejo y la paloma,

-que en la niña de mis ojos son reflejos

y a lo lejos, el exacto cuerpo en vuelo

que la palabra suspende pues los nombra-

un monje minucioso de fervores y alegrías

y aburrido de que la grey no comprendiera

ni gozara los latines, se propuso glosar

a las rústicas voces de sus rústicos,

una canción para laudes, un salmo para maitines,

donde hallarían su bosque de sentido estas palabras.

 

Enhiesto surtidor de sombra y sueño,

dejó a los otros monjes la botica y los herbarios,

el ministerio de las dos especies,

la futura custodia de las custodias, 

las patas de cabra negra, y la vigilancia

de los iluminadores, mientras ascendía

o descendía a las primeras voces

del diccionario de la RAE.

 

Ignoto será su nombre aunque persista

su secreta vibración en las ondas del tiempo

y las caligrafías. Yo ignoraba su rostro alargado,

su barba fina, si Góngora o el de Villamediana,

dieran o hasta dónde dieran, testimonio de sus porfías.

 

Ignoro si fue o no fue, amigo de Berceo

o corresponsal del desenfrenado Archipreste de Hita.

 

Pero esta helada tarde en Santo Domingo de Silos,

he caminado a su lado por estos claustros suyos,

oyendo el ritmo de sus sandalias entre grifos,

centauros de capitel, descendimientos dolorosos,

rondas de arpías y labrados catafalcos en que aguardan,

de puro enamoradas, su resurrección tantas cenizas. 

 

Si todo poema es una glosa al margen de otro poema

por si el canto infinito, suyo es el método

y suyas las primeras melodías de este río.

 

Tal vez fue el secreto confesor de Borges en Ginebra.

O el primer traductor de Cervantes, antes que fuera.

 

                                                                                          (Inédito)

 

 

GISELA COLOMBO

   Nació en la ciudad de Buenos Aires. Reside en Santa Rosa, La Pampa. Es Profesora y Licenciada en Letras de la Universidad Católica Argentina. Trabajó en el ámbito editorial. Actualmente se desempeña como docente en el nivel medio.

   Su primera novela El juego del colgado fue finalista en el Premio Planeta-Casa de América y publicada en 2013. La segunda, Que el río sangre, fue premiada en 2016 por el Fondo Editorial Pampeano y editada al año siguiente. En 2017 Nexo di Nápoli editó Viajeros del papel novela didáctica. En 2018 se publicó El cisne del aula vacía, continuación de la anterior. Sus poemas se encuentran en la Selección de Poemas de Ceremonias de la Luz del Cep Aletehia.

   Dictó diversas conferencias sobre autores latinoamericanos y argentinos. Disertó en el marco del Simposio Warburg en la Biblioteca Nacional Argentina a propósito del trabajo de Ficino en relación con el estudioso alemán. Coordinó talleres literarios. Dirigió teatro adolescente y es autora de diversas adaptaciones de textos clásicos. Colabora en diversos suplementos culturales y diarios del interior. Posee una columna  sobre cine y literatura en un diario digital. Y otra en un magazine televisivo en que recomienda lecturas y realiza entrevistas a escritores y editores.

 

 

CASCADA INVERSA

 

La noche de la gran pregunta 

se fue de mí hace tiempo.

Pero tú, pequeña duda,

permaneces en mi sangre

como un veneno.

Cada región de mis venas

se nutre de tus engaños.

Tu filo abre mi carne

La sangre jamás se seca,

la grieta dulce y voraz

se deshace en poemas,

y regresa, regresa...

No es posible vivir así.

Quizá debiera maldecir el instante

en que te descubrí mintiendo...

Pero no puedo. 

Sigues cayendo hacia el cielo estrellado, 

y te le pareces tanto...

 

 

AGUJERO NEGRO

 

Pensar que eras 

destino de otras pieles,

el blanco de otras manos,

se ha quedado pequeño

para justificar mi desgarro.

Nada habrá que más duela

que saberte embarcado

hacia otras estrellas,

de tiempos extraños. 

Un viaje largo, un desintegrarte

y armarte, de nuevo,

en otros relatos.

Con dioses distintos, 

con cuerpos extraños. 

¿Dónde estará el agujero negro

por el que vas pasando?

¿Adónde irá este poema

que no tiene otro argumento 

que andar a tu zaga, buscando?

 

 

EN TU CABEZA

 

Pienso en mi mejor regalo,

en el mejor que me dieron:

un misterio 

que se va desenrollando

como el cielo.

Lleva tu nombre secreto

Podría nombrarte aquí,

cualquier día, si quisiera. 

Y el mundo no vería

más que un juego.

Pienso en los poemas

que vendrán en oleadas

cada vez que mi mirada

sea blanda de soñar.

Cada vez que recorra

esta oda misteriosa

que nos cerca.

Tanto da ser Gorgona o Paraíso, 

con tal de haber vivido 

un segundo, en tu cabeza.

 

 (Poemas publicados en Ceremonias de la luz, Centro de Estudios Poéticos Aletheia, Bs. As. La Luna Que…2017)

 

 

ANDRÉS UTELLO

   Nació en Bs As en el año 1962. Desde el año 1992, está radicado en San Marcos Sierras, Provincia de Córdoba.

 

Obra poética:

   Editados por La Luna Que…: Entrecuerpos, 1984.Lunario, 1986. La danza del sol, 1990. Relámpagos, 1996. Hojas Elementales ,1999. Aguafuerte, 2002. Enebro, 2005.  Mandala, 2010.Poemas del ermitaño, 2014, Alción. Tigres en el sueño de Buda, 2017, Leviatán. Creador de antologías y  grupos literarios Piedra Viva, Las puertas del viento y El próximo tren, entre otros. Organizó el Encuentro Internacional de poesía en San Marcos Sierras (1997 en adelante). Coordinó Talleres Literarios en las Cárceles de la Provincia de Córdoba  por más de trece años.

 

EROS

En las orillas de tu cuerpo

me reconozco…

río adentro

contemplamos escenas primitivas.

Temblamos y caemos

con la lluvia.

Nada saben de nosotros

todos los que  fueron antes.

Nada sé de mí

más que ese grito lejano y bestial.

dejo las muecas

del cansancio atrás

dejo este cuerpo,

me yergo y me despido

como el viajero

que en la noche parte.

 

 

EL GRAN SENTIDO

 

Debajo del gran sentido

una estrella rota,

echa pedazos

y la voluntad de juntarlo todo

de danzar como un derviche

y girar

girar

hasta ser viento.

 

 

 

EL OTRO

 

                          A Graciela Maturo

 

El otro sigue perdido

en las infinitas estaciones

que tiene la ciudad.

Conmigo va la muerte.

Yo he de cansarme y morir,

ver tu pelo lejos

y acariciar tembloroso

los cuerpos de mi cuerpo.

El otro va

por algún lugar sin espejos,

con un sobretodo gris

y toda la dicha

de haberme olvidado.

Yo me voy al campo

antes de la lluvia

atardecido y bueno

con toda la soledad adentro.

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