escritores ELEGIDOS

ALDOUS L. HUXLEY

Paradoja y evanescencia de una utopía

 “Desde la Sala de Predestinación Social las cintas sin fin bajaban al sótano, y allá, en la penumbra escarlata, calientes, cociéndose sobre su almohada de peritoneo y ahítos de sucedáneo de la sangre y de hormonas, los fetos crecían o, envenenados, languidecían hasta convertirse en futuros Epsilones. Con un débil zumbido los estantes móviles reptaban imperceptiblemente, semana tras semana, hacia la Sala de Decantación, donde los niños recién desenfrascados exhalaban su primer gemido de horror y sorpresa.”(1)

   El concepto de distopía conlleva una utopía proterva, en la cual la realidad discurre en las antípodas de aquello que puede ser concebido, ciertamente, como una sociedad ideal. Un mundo feliz del escritor inglés Aldous Leonard Huxley (1894-1963), publicada en 1932, es una novela de anticipación, de ciencia ficción, es una utopía científico-tecnológica, una gran ironía relacionada con el clima de la época, producto de los avances de la ciencia y la técnica tendientes al confort y al bienestar febril de los seres humanos. La historia del texto acaece en un futuro muy lejano “hacia el año 600 tras la era fordiana”, en una alusión a Henry Ford (1863-1947), el inventor, en la fabricación automotriz de un método de organización del trabajo de producción en serie, cuya aceleración se compara con la reproducción “in vitro” de la humanidad en “Centros de incubación de Embriones y Condicionantes”. Ford simboliza el progreso industrial y el desarrollo mecanicista, encarna una especie de nuevo dios, por ello se lo invoca en la novela y se lo confunde, a veces, con Sigmund Freud, otra deidad, pero de la conciencia y, fundamentalmente, del inconsciente que va a reemplazar el alma.

   La idea de felicidad obligatoria y de perfección como un estado permanente en los miembros de la sociedad alimenta la esencialidad utópica. Su base radica en la estabilidad social, el condicionamiento de Pavlov, los mandatos y las frases significativas a través del sueño hipnopédico (alusión a la hipnosis freudiana) que supone la repetición opuesta al cambio, a través de discursos que se reiteran de manera constante en la memoria de los niños, el control de las emociones (melancolía, ira, dolor) bajo el poder del soma y el desconocimiento de la vejez. La paradoja de la felicidad consiste en “lograr que la gente ame su servidumbre. Las utopías son realizables” pero su implementación requiere la coacción, la manipulación y el autoritarismo que puede adoptar diversas formas, las peores son las silenciosas y enmascaradas, las más profundas son las graduales que desde el inicio, “con una técnica avanzada de la sugestión”, se van aposentando en el inconsciente, a partir de donde ejercen su dominio. La engañosa igualdad arrebata la individualidad y destruye la diversidad, no la incluye. Por lo tanto, la utopía contiene inevitablemente la distopía. La frase “Bebo por mi aniquilación” constituye una acabada ironía porque, por un lado, los personajes saben que serán aniquilados pero, por otro lado, se habla de benevolencia universal, de solidaridad, mientras que sólo se trata de una perversa falsedad velada por la píldora, el elixir, el soma, que los convierte en autómatas, les enajena el pensamiento y la observancia de lo real, los confina a una eternidad onírica y al fatuo simulacro de un viaje. Todo es sucedáneo de todo. La presencia de cánticos evoca un ilusorio advenimiento, la música sintética y el baile, a manera de ritual, guía a los ciudadanos del mundo nuevo mediante una voz que los fanatiza en una actitud mimética feliz. El soma reemplaza la necesidad de Dios, patrimonio del mundo viejo, cuyo sentimiento nos compensa de todas las demás pérdidas. Si bien Un mundo feliz es una distopía, también conforma una novela de anticipación que podría representar, según el punto de vista adoptado, algunas aristas positivas en cuanto a los fines alcanzados, que afirmarían, en parte, la realización utópica. La novela predice el fenómeno de la clonación expresado en la producción infinita de mellizos, aunque con el mismo rostro, en la negación de la propia identidad; la concepción “in vitro”; la aparición de la píldora anticonceptiva y, en lo tecnológico, la existencia de la televisión; además, insinúa la tercera dimensión cinematográfica a través del “Sensorama”, cuya  pantalla emite sensaciones que son percibidas por los espectadores como si éstos ingresaran a ese espacio virtual convertido en “realidad”. En el mundo nuevo todo está programado, inducido, reprimido, nada es azaroso; allí se gesta la civilización presente bajo el signo de la esterilización, mientras que el pasado humano es suciedad y atraso, quienes lo detentan son desterrados a una “reserva” (Malpaís) por su rebeldía e incomprensión o incitados al suicidio. Se destaca un obsesivo realce de la utilidad como meta social, por ejemplo, los muertos, además de sufrir la indiferencia, son sometidos a la cremación para la obtención de fósforo, reutilizado en los experimentos. “Un hombre civilizado no tiene ninguna necesidad de soportar nada que sea desagradable. En cuanto a realizar cosas, Ford no quiere que tal idea penetre en la mente del hombre civilizado. Si los hombres empezaran a obrar por su cuenta, todo el orden social se vería trastornado.” (2)

   La novela contiene una crítica a la nueva sociedad norteamericana de los años ´20, contra la instauración del cientificismo, el maquinismo en auge y  la importancia centrada en la próspera comodidad traducida en felicidad. El texto constituye una advertencia ante la posibilidad abierta de ciertos peligros incompatibles con la ética y en pos de una vida feliz, aunque en detrimento de la individualidad y de la libertad, es decir, de la verdadera índole humana, del arte y de la belleza, denostados, abolidos y sustituidos por el sensorama. Pero, “…la gente es feliz; tiene lo que desea y nunca desea lo que no puede obtener. Está a gusto, a salvo; nunca está enferma; no teme a la muerte; ignora la pasión y la vejez; no hay padres ni madres que estorben; no hay esposas ni hijos ni amores excesivamente fuertes. Nuestros hombres están condicionados de modo que apenas pueden obrar de otro modo que como deben obrar. Y si algo marcha mal, siempre queda el soma.” (3)

   Entre las fervientes críticas que generó el fordismo a partir de su producción en cadena, devenida en la degradación de la condición humana, podemos citar dos films: Tiempos Modernos (1936) de Charles Chaplin y Metrópolis del vienés Fritz Lang (1926). En el primero, la gran ironía del inicio alude a Historias de la Industria, en busca de la felicidad. El fin de la disciplina es obtener cuerpos dóciles y sin pensamiento, en una relación de obediencia y utilidad; la sumisión debe ser rápida y ciega como la manifestada por todos los obreros que acatan y no se rebelan. En el segundo, en la ciudad del orden, la raza de los señores vive una existencia de sueño en los jardines encantados de Yoshiwara, mientras que las criaturas restantes habitan en la ciudad subterránea, son verdaderos autómatas humanos, esclavos de las máquinas que dan vida a la ciudad. Aparece el agotador trabajo de las fábricas, el reloj que marca las diez horas de trabajo, el ómnibus aéreo con autopistas a diferentes niveles y el laboratorio del sabio loco que construye un robot (María) que incitará a los obreros a rebelarse.  La temática de la deshumanización, como contracara de las utopías, encuentra un correlato análogo en dichas expresiones artísticas mediadas por la literatura y el cine.

 

(1), (2) y (3) citas correspondientes a Un mundo feliz de Aldous L. Huxley (págs. 153-235-220, respectivamente).

WILLIAM BLAKE

Por Sebastián Calahuayo

   Nació en Londres, 28 de noviembre de 1757. Murió en la misma ciudad el 12 de agosto de 1827. Tal vez, hoy William Blake sea uno de los autores más citados por el cine y la televisión de habla inglesa.

   Dice Ismael Belda acerca de Blake: Toda la obra de Blake es un gran intento de elevar la conciencia humana mediante el arte hasta una realidad perfectamente definida y vívida. El ascenso tiene lugar desde la naturaleza borrosa, caótica e inconsciente, hacia una realidad maravillosamente vívida y detallada, organizada y consciente, es decir, hacia la Nueva Jerusalén, que es la representación simbólica de la libertad y el éxtasis de la conciencia. (1)

 

EL TIGRE

 

Tigre Tigre, ardiente y brillante,
en las selvas de la noche;
¿Qué ojo o mano inmortal
pudo forjar tu simetría temible?

 

¿En qué cielos o abismos distantes
ardió el fuego de tus ojos?
¿Con cuáles alas se atrevió a elevarse?
¿Qué mano se atrevió a arrebatar el fuego?

 

¿Y cuál espalda, y cuál arte
pudieron torcer los tendones de tu pecho?
Y cuando tu pecho comenzó a latir,
¿Cuál terrible mano? ¿Cuáles terribles pies?

 

¿Con cuál martillo? ¿Con cuál cadena?

¿En qué fragua estuvo tu cerebro?
¿Con cuál yunque? ¿Cuál terrible tenaza
se atrevió a aferrar sus terrores mortales?

 

Cuando los astros arrojaron sus lanzas
y mojaron el cielo con sus lágrimas:
¿Sonrió él al ver su obra?
Aquel quien hizo al Cordero, ¿también te hizo a vos?

 

Tigre Tigre, ardiente y brillante,
en las selvas de la noche;
¿Qué ojo o mano inmortal
se atrevió a forjar tu simetría temible?

 

  1. Ismaeil Belda, El viajero mental (I): algunos conceptos sobre William Blake

       https://www.jotdown.es/2015/03/el-viajero-mental-i-algunos-conceptos-sobre-william-blake/

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